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-Me acerqué un momento y te vi metiéndole mano. Pensé que ibas a recoger algo, pero por cómo empezó a retorcerse, me parece que no se te había caído nada.

Un hombre solitario (D. Leiven y B. Koppelman) es una película menor en comparación con otras producciones de Hollywood con reparto similar, protagonizado por Michael Douglas, que interpreta a un tipo en crisis perpetua, desde que su médico le detectara unas anomalías cardiacas, le diese cita para una revisión, a la que no se presentará jamás porque su personaje entra en pánico y, en cambio, se divorcia y decide iniciar una vida sexual muy activa. Pero lo que le sucede, realmente, es que este sesentón se resiste a envejecer, en esta película que, por curiosidad, llegó a las salas con cinco años de retraso.

-Pues no lo crees, pero todos envejecemos.

-Es algo biológico, pero no acepto que me pase a mí.

  Michael Douglas se está especializando por personajes cuyo devenir existencial se convierte en un descenso a los infiernos. La metamorfosis de un hombre de maduro, quien de una posición envidiable o consolidada pasa a convertirse en una dramática parodia de sí mismo. Sus personajes son, según Koppleman: “Hombres poderosos y carismáticos que por alguna razón traicionan todo aquello en lo que habían creído y se pierde en un tortuoso camino”. Esto es precisamente lo que sucede al actor con algunos de sus personajes como el de Nicolas Van Orton en The game (David Fincher), el escritor Grady Tripp (Wonder Boys), o el de Behind the Candelabra (su última película, no estrenada en nuestro país) en donde interpreta de forma sobresaliente al música con tendencias homosexuales, Liberance, a las órdenes de Steven Sorderberg. No por casualidad, el cineasta es el productor de Un hombre solitario pues la pareja de directores (Brian Koppelman y David Levien) habían sido guionistas de algunas películas suyas: The gilfriend Experience y Ocean´s Thirteen.

 

Volviendo a Un hombre solitario, su personaje pasa de la gloria inicial como afamado dueño de unos concesionarios queda en el paro y desclasado socialmente.

-Vengo a buscar trabajo.

-¿Quieres trabajar para mí?

-Sí, soy capaz de vender cualquier coche.

-No, de eso no hay duda.

Por eso no es raro pensar que su personaje fue escrito pensado para el actor, qure estuvo arropado un grandísimo reparto de secundarios: Susan Sarandon, Danny de Vito o Mary –Louise Parker.

-Antes de que arruinaras tu vida, ¿qué eras para él?

-Eres muy valiente al decir eso, sensato, pero rencoroso y muy rastrero. Para mi hija preferiría alguien mucho más hombre.

Quisiera cerrar reivindicando uno de los grandes de Hollywood y su mejor interpretación en años, su personaje de Liberance en aquella maravilla que es Behind the Candelabra, película de Steven Sorderberg, maltratada por la industria y que sólo logró sacarla adelante gracias al apoyo de la HBO. ¿Sería oportuno hablar de la crisis del cine frente a la televisión? Con esta idea, que merecería una futura reflexión, cerramos el artículo sobre esta película.