Estamos en los años setenta, en el circuito de Moza. Banderas transalpinas, carabineros y la publicidad de la marca Ferrari por todas partes. Nikki Lauda y su competidor, el británico James Hunt, protagonizan una espectacular maniobra de adelantamiento. Vale, esto es cine y no estamos en Italia, sino en el circuito de Hans Branch de Inglaterra y en el francés Paul Ricard, en donde se rodó esta secuencia del adelantamiento. Pero Ron Howard nos trae la magia de la Fórmula 1 a la gran pantalla, con Rush, y uno de los momentos más épicos y trágicos de este deporte automovilístico. Rush nos cuenta los momentos más dulces y agrios en las carreras de dos pilotos de Fórmula 1, la de Nikki Lauda (Daniel Brühl) y James Hunt (Chris Hemsworth), quienes mantuvieron una rivalidad tanto dentro como fuera de los circuitos.

“El coche es un objeto de culto para la cultura norteamericana, parte de su historia”.  Con estas palabras, Ron Howard presentaba en sociedad Rush, un film dirigido a alimentar la leyenda de la Fórmula 1; las carreras de esos grandes circuitos de la Vieja Europa que poco tiene que ver con la Fórmula Nazca, la competición americana, dicho sea de paso.  Y era una cuestión de tiempo que  unos de los momentos más gloriosos y trágicos (el accidente del mítico Nikki Lauda) saliera a la palestra del séptimo arte, después de que el biopic nos devolvieran a famosos pilotos como Ayrton Senna en Senna (Asif Kapadia).

-¿Le preocupa la presión?

-Me gusta mi trabajo, me gusta lo que hago, competir. ¿Por qué no sé lo pregunta a mi contrincante? Él es el campeón del mundo, él sería quién perdiese más.

-Señor Lauda, ¿siente la presión?

-¿Le parece que siento la presión?

Es una película que sin duda hará vibrar a todos aquellos que se tensan ante en los momentos cruciales de algún deporte: ante el gol en el último minuto de una final, los últimos compases de una maratoniana jornada de tenis, en la canasta en los últimos segundos o en algún adelantamiento y accidente de Fórmula 1. 

-El campeón del mundo Nikki Lauda quedó atrapado en un abrasador infierno de 800º.

Un instante crucial porque parecía el final del enfrentamiento entre ambos pilotos, pero el mundo quedaría conmocionado cuando apenas cuarenta días más tarde, Lauda regresaba a los circuitos. Eso sí, marcado para siempre por el accidente. De ahí, que en Rush, Ron Howard marque el antes, el durante y el después del siniestro que definiría a ambos personajes: “Intenté acordarme del accidente pero me fue imposible, caí inconsciente y todo quedó borrado de mi memoria”.

-¿Qué dijo su mujer?

-Que no necesito mi cara para conducir, sólo mi pie derecho.