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Una propuesta inédita y atrevida que nos cuenta la batalla desde la perspectiva del derrotado, de los japoneses, para mostrarnos que el enemigo tiene una vida, unos deseos y unos miedos afines; que en definitiva, tiene humanidad.

-Maldita isla, por mí que se lo queden los americanos.

-Es parte de nuestra sagrada patria.

-Esta isla no tiene nada de sagrado.

Nos referimos a ese monumental fresco épico sobre la batalla de Iwo-Jima, contado en dos películas, sobre ambos bandos del frente, algo nunca visto, y que ofrece interesantes perspectivas. La dualidad estaba presente en el propio Eastwood: “Banderas de nuestros padres es más una película sobre la heroicidad y el impacto de la guerra después de la vuelta a casa, pero como un análisis de la falsedad de la celebridad, mientras que en Cartas de Iwo-Jima no hay lugar para la celebridad. Ellos simplemente estaban allí para perecer en aquella isla. Son dos historias completamente diferente, que tienen como punto de unión un mismo acontecimiento de la Segunda Guerra Mundial”.

La primera de ellas, Banderas de nuestros padres, se centraba más en la propaganda, tan necesaria en el mundo de hoy -esté o no en guerra- analizando esa famosa foto de los soldados americanos izando la bandera. Por su parte, Cartas desde Iwo-Jima, desvela la tragedia vivida por los japoneses con una solemnidad y precisión sobrecogedora. El visionado de ambas películas consigue transmitir el efecto perseguido por su director, hablarnos de la inutilidad de la guerra, en la que miles de jóvenes murieron sin la oportunidad de vivir una vida.

-No debemos esperar regresar a vuestra casa con vida, yo iré por delante de vosotros. Siempre por delante de vosotros.

-¡Banzai!

-¡Banzai!

“Me resultó llamativo el grado de sacrificio de aquella gente y me preguntaba por lo que sentía acerca del sacrificio, acerca de la inutilidad de sus actos”. Existe una cita, al respecto de esto, a cargo del propio general Kuribayasi: “Sé que puede ser inútil, pero por eso estamos aquí”. Cerca de veintidós mil soldados japoneses, un gran número de ellos todavía en su juventud e inexperiencia, perecieron en una cruenta lucha por defender un enclave estratégico de las islas que conforman Japón.

-Todos los supervivientes atacarán a la vez en una ofensiva general.

Una historia con personajes.

-Yo me prometí a luchas hasta la muerte por mi familia, pero pensar en ella me hace difícil en ella.

Al mando, se encontraba el general Tadamichi Kuribayashi, interpretado por el siempre esplendido Ken Watanabe.  Pero la película -que toma su título de las cartas que enviaban los soldados a sus familiares, como también de las reflexiones escritas del general- reposa en sus personajes. Junto a la figura de Tadamichi Kuribayashi, no podemos olvidarnos que el argumento cuenta con otros destacados personajes como el de Saigo, el joven y extraordinario Kazunari Ninomiya; Takeichi Nishi, un amigo del general y campeón olímpico de salto; y el también joven Shimizu, -procedente de los Kempeitai-.

-Nosotros contamos con una gran ventaja, ¿y por qué?

-Por qué no son disciplinados y dejan que sus emociones se interpongan en el cumplimiento del deber.

                                      

                

                

Un apunte de Historia.

La batalla de Iwo Jima, que tenía el nombre en clave de «Operación Detachment», es uno de los combates más sangrientos entre los Estados Unidos y el Imperio del Japón, entre febrero y marzo de 1945, durante la denominada Guerra del Pacífico (1937-1945).

Como historiador, siempre siento emoción al encontrarme con una película respetuosa con los acontecimientos históricos que intenta reflejar, como también por sus protagonistas anónimos. Y la verdad es que de esta cruenta batalla apenas había tenido más información que aquella que nos brindaba el cine o la historia americana. Por ejemplo, sabía bien de aquel monumento de Washington, D.C., Raising the Flag on Iwo Jima, situado junto al cementerio de Arlington; pero prácticamente nada del sacrificio de aquellas tropas japonesas que defendían la isla.

-Enhorabuena, tu marido se va a la guerra.

Es una película honesta y completamente recomendable que nos habla de la guerra, pero también de la humanidad que hay en cada uno de nosotros, convertido en un alegato antibelicista. Un retrato del heroísmo, la amistad, la lealtad o el compromiso. Una forma muy diferente a cómo nos lo había contado Arenas sangrientas.

- Adelante, vamos, la guerra no ha terminado.