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Una historia de triunfos, sexo y fracasos, con el espíritu de Sundace planeando sobre la cinta. Tras un parón de una serie de años, este proscrito del cine indie y superviviente fuera de Hollywood, presenta en Delirius un tema ya recurrente en la cinematografía más actual y fuera de los cánones de lo políticamente correcto: cómo la fama supone para nosotros el único camino para alcanzar la felicidad. El título de la cinta ya nos da una aproximación al sentido que el cineasta quiso dar al film. Delirius en inglés es el estado insano de felicidad y a mí me parece que es la propia sociedad la que incita este estado insano de felicidad procedente de la fama.

 Los personajes en Delirius están muy solos, e incluso en la cumbre de la fama, Olimpo de vanidades y miserias con la que se despacha el director. Porque Dicillo propone que la diferencia entre un homless y una estrella es la dureza de su colchón, señalando con esto el cretinismo de una gran parte de nuestra sociedad, aquella que está más pendiente por la vida de los famosos que por la suya propia. Estupidez alimentada por los mass media y por aquellos que mueven los hilos de este circo. De hecho, ya lo decía el Eclesiastés: vanita de vanitates, sólo es vanidad. Máxima tomada como mandamiento, sobre todo por los que están intentando dar una bofetada al sueño americano.

                - Vamos a ser compis.

               - Y amigos.

               - Anda, vamos a hacer la cama.

                Pero Delirius es también un tratado sobre la amistad y su fragilidad, lo que convierte a la película en un moderno cuento de hadas, en donde el príncipe, convertido en rana, es un homless, un bufón, un paparazzi, y la princesa, una cantante pop, con un trasero muy cotizado. Los cuentos de hadas presentan una estructura muy recurrente en la filmografía del cineasta y sorprende aparecer en algunos de sus trabajos como Jhonny Suede, su ópera prima, o Caja de luz de luna.

Tom Diccillo: cine independiente o comercial               

 Nacido y criado en una familia de militares, después de estudiar cinematografía en Nueva York y sobrevivir, como pudo, de camarero, lo intentó con la interpretación y la fotografía, antes de dedicarse a la realización. Gracias a su amigo Jim Jarmush, en Extraños en el paraíso, pudo cultivar sus dos primeras vocaciones. Su primer film es uno de esos cantos desgarrados, en donde personajes más o menos anónimos, todos ellos marginales, intentan escapar de su banal existencia, mientras que otros, triunfadores egocéntricos, resultan ser parodias del éxito y de las miserias instaladas en el mismo.

                Paradojas de la vida, fue Tom Diccillo quien diese a Brad Pitt su primer papel protagonista, cuando todavía era un perfecto desconocido. Jhonny Suede, caricatura de un aspirante a estrella de rock, sirvió de catapulta al actor para entrar en Hollywood, y de prometedor debut del cineasta, que decidió continuar su carrera en la costa oeste, quizás para no volverse a encontrar con Pitt.

                - Je, je, creía que ahora aguantarías. Cuando más lo pensaba, peor me parecía. Verás, ahora creo que en lugar de acercarme, rodeando la cama, que tal si me deslizo así, y hago la escena tumbado.

                Con el tiempo, Diccillo se convirtió en un grano en el trasero del cine indie, sobre todo con su siguiente película Vivir rodando, que abría el cubo de la basura de los independientes y su contenido salpicó a casi todos, para regocijo de público y crítica, y mosqueo de los que se vieron reflejados. El director cuenta su propia experiencia con su primer filme, en donde el actor Steve Buscemi, su alter ego en la cinta, encarna a un sufrido realizador de un film independiente, pero con un presupuesto larguísimo, que no termina de ponerse de acuerdo con ninguno de los miembros técnicos de la película y su reparto.

                                             

               Demasiado comercial para ser un independiente y demasiado contestatario para pertenecer a Hollywood, Diccillo se ha quedado entre dos aguas. Tom Diccillo es un perro verde, y por eso ha tardado cinco años en encontrar financiación para su película. Le acompañan en la cinta una extravagante pareja de intérpretes, Buscemi y Pitt, el primero caracterizado por el histrionismo interpretativo que suele dar riendas suelta, mientras que Michael Pitt lo hace desde la serenidad y la austeridad de sus gestos.

         Igualmente en el film, encontramos algunas referencias cinematográficas importantes, algunas de ellas confesas por el propio realizador, como por ejemplo, uno de los títulos más exitosos de la década de los 60, el western urbano, Cowboy de medianoche. La frustración existencial, junto a su sentido de amistad y supervivencia urbana, presente en esta cinta clásica, son heredadas en Delirius.

                - Quiero decir, que mañana cuando estés en la cama con una fulana y te estés rascando la espalda, ¿dónde estaré yo? ¿Eh? ¿Dónde?

               - ¡Eh! Oye, oye, ¿crees que yo no sé agradecer los favores? Sólo tienes que decirme cuál es tu comisión, la que sea y ahora mismo te la pago. Te lo juro.

                Antihéroes, buscavidas y pícaros conforman la fauna urbana de frustrados existenciales que veíamos en la cinta Edmond, pero también Delirius está cercana al filme de Cameron Crowe, Casi famosos, porque como en esta, Tom Diccilo hace que sus personajes elijan entre el reportaje o la amistad, algo que había presentado W. Wyler, interponiendo el amor y la ética a la ambición, en Vacaciones en Roma, en donde un periodista (Gregory Peck) se enamora de una princesa (Audry Herburt) que tenía como objetivo de un reportaje de prensa del corazón.

               - ¿Puedo obsequiar a Vuestra Alteza con algunas fotografías conmemorativas de vuestra visita a Roma?

               - Le doy mis más expresivas gracias.

                Pero, como se ve, no todos se toman tan bien el hecho de que sean fotografiados. El cineasta italiano Michelangello Antonioni, en su película Blow up, refleja parte del debate que Diccillo toma en Delirius, el derecho a la intimidad y a la propia imagen, que ha sido tema recurrente en una infinidad de filmes desde Historias de Filadelfia (George Cukor), -cinta mítica en donde las segundas nupcias de una señora de la alta sociedad, Katherine Herburt, da ocasión para un reportaje periodístico de la llamada prensa rosa-, a la película de Tom Diccillo.

                - ¡Alto, alto! usted no puede fotografiar a la gente así.

               - Dice que no, ¿por qué?       

               También hay en Delirius, mucha de la ironía y desmitificación del mundo de la fama que fuera descrito por Woody Allen en Celebrity, aunque el tono del cineasta norteamericano, cercano a la fábula, dista mucho del retrato coral de Allen.

                Viendo esta película podemos adivinar cómo debe sentirse Dicillo cada ve que ve el palmito de Brad Pitt brillando en las páginas cuché de la prensa rosa, cuando el marido de Angelina Jolie parece olvidarse de aquel entusiasta novato que le puso por primera vez tras la cámara. Pues en la figura del antihéroe de este fotógrafo (Steve Buccemi), -que ve cómo los demás disfrutan de la celebridad mientras él los inmortaliza por cuatro duros-, hay mucho de la experiencia del director que lleva años partiéndose los cuernos para llevar algunos de sus proyectos hacia delante.

                                                          

                   Sin embargo, su discurso sobre las falsas apariencias en la farándula es algo superficial. De hecho, lo peor de la película será la visión, un tanto inocente, de la vida de la cantante pop que interpreta Alison Lohman. En este sentido, encontramos otras referencias con una filmografía que, ayer y hoy, ha querido destacar la frivolidad de una sociedad que sólo tiene como sentido la idea de la fama, desde Incautos (Miguel Bardem) a uno de los clásicos del cine italiano, La Dolce Vita (Federico Fellini). En uno de los momentos de Incautos, el personaje principal (Ernesto Alterio) quedaba prendado de la brillantez de la vida de los famosos, tal y como aparecía en la prensa rosa.

                - Aquellos tipos lo tenían todo. Yo podía entrar en sus casas, conducir sus coches, acostarme con sus mujeres, siempre estaban sonriendo. Parecía que estaban diciendo: "niñato lo tenemos todo y tu nada".

                Pero el séptimo arte nos ha querido ver que la fama es un espejo que no siempre presenta la realidad, que no es oro todo lo que brilla, como decía un aforismo italiano. Federico Fellini, en La Dolce Vita, nos acerca a esta sociedad desde los ojos de un paparazzi, un periodista del corazón, interpretado por Marcelo Mastroinani, en una película llena de referencias a La Divina Comedia de Dante, para destacar la decadencia espiritual de una sociedad que, a pesar de incidir en la de Italia, podría ser cualquiera.

                El último trabajo de Tom Diccillo no es Hollywood y se agradece, pero tampoco pose la preponderancia del “indie”, lo que es también muy de agradecer. Delirius es simplemente buen cine, sin etiquetas ni marchamos, y su autor, Diccillo, es un no alineado, lo que en estos tiempos que vivimos es sinónimo de inteligencia.