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 La muerte tenía un precio es uno de los grandes títulos del spaguetti-western a cargo del cineasta que creó este subgénero: Sergio Leone. Segunda parte de una trilogía mítica, con esos elementos que ya son inconfundibles en su cine y junto a sus cómplices habituales como Eastwood o Ennio Morricone. Curiosamente, la película fue una coproducción italiano-española y durante muchos años, uno de los mayores éxitos de taquilla en nuestro país.

-Dieciocho, diecinueve, veinte y cuatro veintinueve.

-¿Que te sucede, muchacho?

-Nada viejo, que no me salían las cuentas.

Entre otras muchas cosas, sirvió para dar a conocer a un joven actor que se convertiría en una de las leyendas vivas del séptimo arte: Clint Eastwood, un personaje parco en palabras, acompañado de su poncho, música de Morricone y unos diálogos escuetos y contundentes, sobre todo cuando iban a liquidar a alguien.

-¿Qué nos jugamos?

-El pellejo.

También sería de justicia referirnos a los dos compañeros de viaje, formado un trío de actores que te dejan petrificados por su impactante mirada: un intérprete de carácter, imagen del western clásico en algunos títulos emblemáticos (Lee Van Cleeft) y el actor italiano, Gian Maria Volonté. La película narra las peripecias de dos cazarrecompensas que unen sus esfuerzos para poder atrapar a un peligroso delincuente –El Indio- y a su banda. Dos personajes con motivaciones muy diferentes: “Me compro un buen rancho y me retiro”.

-A El Indio, déjamelo.

-De acuerdo.

                         

El spaguetti-western es un género europeo, inventado por italianos –en concreto por Sergio Leone- y que contaba como escenario el desierto almeriense de Tabernas. Un tipo de películas que lograron alcanzar un peso en la historia del cine con el paso del tiempo: “El western que hago yo está dirigido para un europeo y creo que es auténtico porque soy un director que va a un país extranjero y me obliga a ser más indagador. Lo que no se suele dar entre los de su propia tierra”. Más allá de las palabras del propio Leone o de las influencias que tendría su estilo en diferentes cineastas (Quentin Tarantino, John Woo), lo cierto es que marcó una ambigüedad moral que se alejaba del western clásico bastante que cuenta con una referencia muy clara: Robert Aldrich. “Estos personajes estaban interesados en sí mismos, en contraposición al héroe del western clásico, que era el buen tipo frente al malo”.

-Cuando acabe la música, recoge el revólver y dispara, si puedes, inténtalo.

                                      

Entre sus referencias encontramos desde Kurosawa (Johimbo) al western más clásico (Ford) y sobre todo Aldrich. El Oeste decadente, sin componendas épicas o sentimentales, de Robert Aldrich, sentaría las bases del spagutti-western, en general, y de Leone, en particular. Sólo parece existir violencia y exceso; y sus personajes parecen estar en consonancia a este tempo. Se tratan de unos particulares héroes que tratan de sobrevivir de una forma inmoral y violenta; unos asesinos y ladrones que llegan a hacer un uso de la violencia casi como una metáfora deportiva.

 De hecho, prácticamente todos sus personajes están condenados a morir. "Algo que ver con la muerte", es un título de una de sus biografías, pero se tratan de muertes muy cuidadas, pues sus duelos se ritualizan. Comienzan con la partitura musical y continúa con la característica fotografía de Leone, entre el paisaje y los primeros planos. Los andares, los sombreros, las botas, las armas y un estupendo juego de miradas. El bueno, el malo y el feo presentaba un duelo con un ritmo frenético, mientras que el de Hasta que llegó su hora, un ritmo muy lento. Pero ambos heredan el tempo del duelo de El último atardecer, de Aldrich, entre Kirk Douglas y Rock Hudson.