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Desde sus inicios, el cine ha tenido una estrecha relación con la velocidad, por eso el automovilismo como expresión de cinética pura ha resultado ser uno de los transfondos idóneos para la superación personal, la tenacidad o sobre los egos en las luchas fratricidas. Repasemos algunas producciones cinematográficas y escenarios. El infierno verde, el circuito alemán de Nubum Green, cuando todavía medía unos pocos treinta kilómetros es el escenario de Hombres temerarios (Henry Hattaway), disección de las competencias dentro del equipo Ferrari. La lucha entre sus pilotos deja en una riña de colegio la competencia entre Alonso y Hamilton. En Gran Prix, John Fankenheimer recorre las interiordades de la Fórmula 1 y a las rivalidades entre compañeros, se suman las infidelidades de sus esposas. Culebrón a parte, lo mejor de Gran Prix son las tomas de los circuitos de Mónaco y Gran Bretaña.

- Fran Capua es el quinto piloto que intenta clasificarse en este tercer día de pruebas de cronometraje, en Indianápolis, Indiana.

        

Paul Newman, piloto aficcionado y patrón de un equipo de fórmula indie, intrepretaba al piloto Fran Capua en 500 millas (James Golding). En parte, rodada en el circuito de Indianápolis, la película funcionaba como retrato de una obsesión, pero también de un actor entregado a su aficción. El propio Paul Newman conducía el bólido, sin necesidad de dobles. Unos años más tarde, Steve McQueen hizo la réplica de Newman en Las 24 horas de Le Mans. Rozando en muchos casos el documental, la película de Lee H. Hatzing, posee escenas deslumbrantes por su realismo, así de una de las salidas más soberbias jamás rodadas. Sin embargo, esta película pondría fin a la edad de oro de la relación entre cine y el automovilismo. Días de trueno, recogerá el testigo, pero la fórmula Nazda, jamás tuvo el glamour y el romanticismo de las competiciones de Viejo Continente.

                         

Sin embargo, más allá del cine de las competiciones automovilisticas, destacamos también la proeza doméstica consistente en construir los coches campeones en el garaje familiar, algo que ahora se conoce como tunning y que ahonda sus raíces en la sociedad norteamericana de finales de los años sesenta.

- ¿Roy qué haces ahí metido? ¿Va a correr contigo?
- No te metas en lo que no te llaman.
- Sí, ella va a correr conmigo.

 Las carreras ilegales de coches ha servido para retratar la pulsión adolescente o la confusión de una sociedad desencantada, como nos lo contaba Coppola en American Graffiti. En este aspecto, merecería citarse algunos títulos significativos como rock movies, entre las películas malditas de los setenta Carretera asfaltada en dos direcciones y Cannowal. Con David Carradine como actor fetiche, Cannonball narraba una carrera ilegal entre Los Ángeles y Nueva York. Un alocado remake y una disparata secuela, convirtieron a esta película en un rock movie de culto. Al menos, estéticamente, Death Proof es deudora de la Cannonball original, como también de una serie televisiva que aquí en España tuvo el nombre de Locos en el asfalto. Serial lleno de carreras, que tuvo una miserable adaptación cinematográfica. Lejos de todo esto, Speed racer parecía la repetición de una videoconsola, con una expresión cromática que resulta decididamente pop, transpirando la frialdad de un videojuego. Lejos del glamour del Meteoro televisivo, la última película de los hermanos Wachowsky respondía a la audacia teconógica y al ego creativo.

 - ¿Ve usted ese brazo?, dentro encontrará los mecanismos de defensa. Cortina de humo, chorro de aceite, pantalla posterior a pruebas de balas y ametralladora a derecha e izquierda de los guardabarros.

 Como James Bond, Meteoro dispone de una serie de modificaciones que van de una capota a prueba de balas a unas puas que le permiten al Match 5 discurrir por terrenos escarpados.

- ¡Indios, indios!. ¡Vienen a por nosotros!

- Cortinas de humo, conecta el dispositivo. ¡Rápido!

 Algo menos efectivos y más naïf son los gadchets del profesor Face, en esa desquiciada expresión del universo de Blacke Edward que fue La carrera del siglo. Filme que introdujo el juego sucio y el coche trucado como forma de competición, algo que ya existía en la serie de animación americana Los autos locos: "Arrancan, pero ¿qué es eso? Cielos han sido atados han poste por el fiero Pier Nodoyuna. Y ahora, sí, arrancan los loquísismos Autos locos". El profesor Fate, Jack Lemmon, tiene su alter ego en Pier Nodoyuna, pero también en Snake Oiler, uno de los competidores más sucios de Meteoro, que nos trae a la mente al villano Zorday, el enemigo de Herbie en su primera entrega.

La última gran referencia cinematográfica es la saga de Fast and Furious (A todo gas), una franquicia que ha materializado los deseos de varias subculturas en una sola ficción: los tuneros, el reggeton o el mundo del gimnasio. Pero es un actioner de muy elemental composición: tipos duros, tías buenas, espectaculares persecuciones automovilísticas y ruidosas peleas. Saga que ha influído en la española Combustión, el último trabajo de Daniel Calparsoro, director ha llevado a las calles de A Coruña un intento por emular las persecuciones de la banda de Toretto.