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- Para estar allí, de verdad. Sólo yo con las montañas, los ríos, el cielo, los animales. Y participar de todo, de la naturaleza.

El popular actor Sean Penn regresó a la dirección en Hacia rutas salvajes. Mucho más que una película de aventuras, nos cuenta la transformación psicológica y personal de un adinerado inconformista que cambia su rutinaria vida por experiencias inesperadas en un largo viaje. Un personaje que rompe con todo para viajar por el mundo y conocer su propia verdad. A muchos de nosotros nos gustaría hacer algo parecido, ¿verdad? Pero nunca parece ser el momento y quizás no hubiéramos tomado una acción tan radical y tan torturada como Chris McCandless, el protagonista de esta historia.  

La adaptación de la novela basada en la vida de Christopher McCandless, permite que este cuarto largometraje del popular actor ensalce la vida junto a la naturaleza y el deseo de libertad. Es un viaje al lado más salvaje, y a la vez más puro de los Estados Unidos, pero sin billete de regreso. Buena parte del exito del director consiste en compartir las experiencias, también las penalidades, de este personaje que inspira al film. Las imágenes rodadas en los rápidos de Gran Cañón o en el desierto de Arizona son dos ejemplos, de como los escenarios naturales comparten con el protagonista una cierta armonía propia del viaje que estaba emprendiendo. El protagonista se parece sospechosamente al de Grizzly man, sin que la mirada compasiva de Penn pueda compararse con el elogio de Werner Herzog. En clave de documental, el cineasta alemán reconstruyó la aventura pintoresca de Timothy Heithvelt conviviendo íntimamente con los osos, una historia que salvando las distancias -y son muchas- guarda algunas semejanzas con la ecologista película de Jean-Jacques Annaud El oso

- Quiero irme lejos de todo, quiero irme hasta el quinto coño para estar solo. Sin un puto reloj, sin mapa, sin hacha, sin nada.

                         

Existe un subgénero que remite a un puñado de títulos invariablemente norteamericanos, identificados con el vagabundeo, el encuentro con la inmensidad de la naturaleza y con un viaje al interior a uno mismo. Un argumento recurrente en el western de todas las épocas y que tiene en la figura del trampero su principal referencia. La vida de esos cazadores que en la soledad de la montaña, a veces, tenían los obstáculos de indios era excusa de algunas historias llamadas crepusculares, como la de Charlton Heston, El valle de la furia (Richard Lang) o de títulos tan emblemáticos como el de Las aventuras de Jeremias Johnson, del fallecido Sidney Pollack. Los auténticos tramperos como este citado o David Crocket ya no existen en nuestros días; aunque El último cazador, una coproducción franco-canadiense de Nicolas Vainer, nos acercó a la última alma en nuestro tiempo, que seguía viviendo según esta filosofía, conviviendo en armonía con la naturaleza.

Uno de los más emblemáticos personajes solitarios que nos haya dejado el cine es, sin embargo, el creado por Akira Kurosawa, Dersu Uzalá. En aquella pequeña joya sobre un solitario en la estepa de Siberia. 

- El sol es gente importante. 

                              

Del mismo modo, resuenan los ecos de la gran literatura norteamericana, de Jack London a Mark Twain, repleta de aventuras y aventureros, de personajes solitarios, movidos por una inquietud inexpresable que les lleva a presentar el vacío de los grandes espacios con una pureza casi mística. Algunas de estas historias han sido llevadas a la gran pantalla, con más o menos éxito y con una inestimable captación de esos paisajes, de un horizonte lejano, abierto a los más atrevidos, mientras se salpicaban los relatos de diversas ideas: ecológicas, sociales, etc.

- Sólo quería acariciarle.

- Los perros son para trabajar.

- Pero trabajarían más a gusto, si se fuera cariñoso con ellos.

- Hacemos fuego, matamos con armas y podemos lanzar piedras, somos sus dioses.

Los años de la Gran Depresión configuraron el caldo de cultivo idóneo para entresacar en la pantalla a personajes que deambulaban sin retorno fijo, sin más pretensiones que la mera supervivencia o con destellos, más o menos concretos, de rebeldía, de sinsentido hacia la justicia y animadversión hacia el sistema y sus instituciones. Individuos anónimos, por lo general, o voces carismáticas que pusieron música y letra a inquietudes individuales y sentimientos colectivos. Eran los tiempos en que los trenes de mercancías se llenaban de mendigos y de buscavidas, desarrapados de cualquier condición que buscaban estímulos suplementarios en el interminable juego del gato y del ratón, burlando a los celosos empleados de las compañías ferroviarias. El propio cine, en la espléndida Los viajes de Sullivan, Preston Sturges reflexionó sobre si mismo y el sentido de la comedia y del drama, alrededor de la aventura didáctica de un escritor de éxito, decidido a experimentar en carne propia los sinsabores de la pobreza extrema.

- Buenas tardes. ¿Vais a viajar muy lejos? ¿No os importará nuestra compañía?

Con el paso del tiempo, los caminos cambiaron a los mendigos por otro tipo de aventureros más cercano a la generación beat de Jack Keurac y compañía, que desembocó en el mundo contracultural de los hippies. Uno de los mejores testimonios cinematográficos lo representaba el road movie, y la película emblemática de la época, Easy Ryder (Dennys Hopper).

- Lo que representáis para ellos es la libertad.

- ¿Y qué tiene de malo ser libre? Todo el mundo la quiero.

- Sí, desde luego, todo el mundo la quiere pero una cosa es hablar de ello y otra muy diferente es serlo.

Espíritu de libertad que llegó a entusiasmar a uno de los cineastas norteamericanos más personales, David Lynch, quien en Una historia verdadera, curiosa película dentro de su filmografía, nos acercaba a la historia de un anciano inmerso en un pintoresco viaje que recorría todo un Estado, montado en un peculiar medio de transporte, un cortacésped. Film con respuestas existenciales que podría ser el reverso de la cinta de Sean Penn.

- Algo bueno tendrá envejecer.

- La verdad es que no se me ocurre nada bueno en quedarse ciego y cojo al mismo tiempo, pero a mi edad ya he visto casi todo lo que la vida puede ofrecer.

Inspirada en hechos reales y a su vez en una novela  que lo reconstruye emotiva y detalladamente, Hasta rutas salvajes, es el relato iniciático de un joven idealista que renunció a su vida acomodada y prometedora para cruzar los Estados Unidos de punta a punta, animado por la obsesión de llegar en solitario a las tierras inhóspitas de Alaska, en busca de una gran aventura en la vida. La película es una narración vehemente impregnada de la ingenuidad del idealismo y del ansia de libertad del personaje que encarna con una interesante interpretación el actor Emile Hirtch. Consciente de ello, el film consigue que el espectador se identifique con este heredero del espíritu de las novelas de Kerouac, los poemas de Whitman o las baladas de Gutrie. El último trabajo de Sean Penn, en la dirección, Hacia rutas salvajes es una película limpia, de una belleza fascinante, a la que muchos acabarán viendo con lágrimas en los ojos. 

- Es un extremista, es un viajero estético cuyo hogar es el camino.