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Funny Games (Michael Haneke), Los extraños (Bryan Bertino) o la inédita El interior (A. Bustillo) son solo algunos ejemplos del cine más reciente que tiene en estos peculiares personajes, amantes de lo ajeno, los protagonistas de este reparto.

Se amoldan a un género muy concreto, las películas de asalto doméstico. Existe desde lo general a lo particular una tendencia por protegernos: si el 11S trajo la llamada "patriot act" a la gran potencia de Estados Unidos,  a nivel doméstico, nos aislamos del exterior detrás de gruesas puertas de seguridad, aparentemente inexpugnables. La filosofía capitalista-consumista, así como la adquisición de riquezas, hace que cualquier hogar sea objetivo apetecible por los "amigos de lo ajeno". Por otra parte, el individualismo que ha ido en raizándose en nuestra sociedad, ha dado la espaldado a la sensación de comunidad, lo que ha permitido que cuaje "un modelo de vida cotidiana, centrado en la claustrofobia doméstica, con su correlativo negativo de agorafobia pública que llega a ser psicológica y socialmente patolígica. El exterior urbano es percibido como un peligroso espacio de crimen e inseguridad, de contaminación e incluso de contagio, avalado por el neopuritanismo". (Roman Gumbarg, "Eros eléctrico" Col. Pensamiento, Ed. Taurus).

En este contexto, situamos una multitud de películas e incluso tendencias cinematográficas. La amenaza exterior de los 80, sentimiento renovado con el 11S, explican al personaje de Dennis Hoper en Tierra de las muertos (George A. Romero) que se encierra en su "torre de marfil" mientras las oleadas de zombies acampaban a su anchas, a su alrededor; e incluso "la habitación del pánico", en donde se refugian madre e hija, en la película de David Fincher.

Pero existen tantas motivaciones como films. En Secuestrando a Mrs. Tingle, el guionista Kevin Williamson (responsable de los libretos de la saga Scream) eran unos adolescentes que secuestraban a una tiránica profesora de Historia (Helen Mirren), decididos a mejorar su rendimiento académico.


Aunque es la realidad lo que más influye, pues en las noticias de sucesos abundan los asaltos a fincas privadas, resultando lógico el miedo a la invasión del hogar, por unos intrusos con claras intenciones criminales. En estas películas, "el ropaje claustrofóbico" deviene hacia una relectura de ciertos elementos domésticos. Una frivolidad como tener un ascensor interior se convierte en un escondite para los personajes, de la misma manera que una pieza de arte contemporáneo se convierte en un arma de cuerpo a cuerpo.

Algunas películas como Secuestrados (Miguel Ángel Vivas) sorprenden por la violencia física y psicológica, y comparte con títulos como Funny Games, una brutalidad insólita en el marco del nuevo cine de tema doméstico. El filme estructura en doce planos secuencia la pesadilla de una familia torturada en su propia casa.

-Solo tengo que hacer una llamada matarán a tu mujer o a tu hija, o a las dos. Pero también hay un mensaje socio-económico.

Los richachones de muchas de estas historias suelen salir indemnes, salvo de heridas físicas y el orgullo dolido mientras que los asaltantes son trazados con un aire proletario, más cercano a nosotros, y que asumen las consecuencias más graves.