20130325012036-spring-breakers-649x330x80xx.jpg

El Sueño Americano ha sido y es uno de los conceptos, llamemóslo sociocultural, que el cine ha ido redefiniendo desde el origen del séptimo arte. Spring Breakers ("Vacacioneros de primavera", en castellano) busca en la explosión sexual de sus cuatro jóvenes protagonistas un nueva definición del término.  Estamos ante la última película del realizador y guionista de nombre Harmony Korine, cuya carrera en el cine ha estado estrechamente relacionada con Larry Clark y sus controvertidos retratos de la juventud neoyorquina. 

Spring Breakers es una película curiosa,  está en las antípodas de, por ejemplo, Día de pesca (Carlos Sorín)-por supuesto- que se estrenó al mismo tiempo en las carteleras españolas. No sólo porque Harmony Korine represente la esencia cultural norteamericana al criarse en la América profunda (Nashville, Tennesse), de orígenes judíos y amante del skating y de la cultura urbana juvenil, sino porque presenta el exceso de una juventud frente al relax de la madurez del personaje principal de la película argentina.  Pero también sus personajes son diferentes a ese mundo juvenil al estilo "eighties" de John Hughes de "Dando la nota" (Jason Moore) y no se parecen en nada a los  jóvenes disfuncionales de Gus Vant Sant. En Spring Breakers se "hermana Britney Spears y Scarface" como señala Ángel Sala, en un artículo sobre la película  en la publicación "Dirigido por...".

-Dinero, dinero, dinero.

-¿Para qué?

-Ya sabés para qué.

Las protagonistas son cuatro estudiantes universitarias sin el dinero para sus "vacaciones de primavera", esa que les permite escapar de la rutina de las clases. El cuarteto está encabezado por Rachel Korine, esposa del director y dos chicas Disneys. "Las elegí porque en la vida real representan un sueño, un mito pop".

 -Las mismas cosas el puto día, en la misma cama, en la misma casa, las mismas farolas. 

El film es también un ejemplo del daño que hace la factoría Disney, idiotizando a generaciones de adolescentes, enfrentándolos a la realidad a través del tamiz ultraconservador de la productora. De hecho, dos las protagonistas femeninas han sido "princesas Disneys" como estrellas televisivas, en una perversión del modelo que la factoría ha intentado crear de los ídolos juveniles y representados por los Jonas Brothers y productos de marketing similares. No por casualidad, el personaje que sirve de mentor de las adolescentes, un irreconocible James Franco, se llame así mismo Alien y se considere de otro planeta.

El retrato que Harmony Korine hace de estos personajes, es el de unas adolescentes que  viven la vida en Miami con todo tipo de excesos, destilando un estilo videoclipero no sólo por su pasado de Korine como director de videoclips, sino sobre todo por sus comparaciones con la MTV y ese producto insoportable de Jersey Shore o por los ecos lejanos con la propia Britney Spears (su tema "Evertime" suena en la película, durante la secuencia de un robo). Pero más allá de estas referencias, lo cierto es que Spring Breakers destaca por su música, por la apuesta en el montaje (obra de Douglas Crise, habitual de Steven Sorderberg); por la participación de Cliff Martinez, compositor que va ganando enteros gracias a una música muy personal y por Skrillex, nombre con el que se conoce al creador de un tipo de música electrónica llamado substep. Sea dicho de paso que no es precisamente la música que escucho, pero la banda sonora de la película será uno de los éxitos de la temporada. 

Avanzando el metraje, las chicas se convierten en las musas de este particular criminal local, interpretado por James Franco. A partir de entonces, la película da un giro hacia el misticismo. Habéis leído bien, porque Korine quiere dar a su película un aire místico de corte grecolatino (una especie de versión pandillera de Dionisos/Baco), aunque a muchos esto mismo nos descoloque. El propio realizador defienda esta postura de su película: "Spring Breakers es una mezcla de gansterismo y misticismo, dos ideas prevalentes en la cultura americana contemporánea. Esta unión forma un sentimiento religioso porpio, por eso están presente algunos mantras". Muchos no comprenderán porqué un director como este llega a relacionar conceptos como "misticismo" o "mantras", en una película donde el sexo, las drogas, la violencia y las chicas en biquini, son el leitmotiv del argumento. Pero la verdad es que se trata de una propuesta cercana a una interesante película, inétida entre nosotros: Enter the Void (Gaspar Noé). Una película sobre un Tokio futurista, con un viaje alucinógeno y mucha violencia , de por medio, que comparte con la película que nos centra un cierto tratamiento estético, gracias al director de fotografía en común: Benoît Debie.

Para todos aquellos que aún sigan creyendo eso del "misticismo", aquí queda para la posteridad una de las perlas de la película, a cargo de una de las chicas, Candy (Vanessa Hudgens).

-Ver tanto dinero hace que se me moje el coño. 

 Al final, el argumento nos presenta la búsqueda de un falso paraíso de unas jóvenes pasadas de revoluciones, que se pasan la vida entre drogas, sexo y en un perpetuo bikini. Curiosamente Harmony Korine retrata un mundo marginal juvenil que conoce bastante bien, como controvertido guinosta de Kids y Clercks (Larry Clark) o como actor en películas de Gus vant Sant.