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Anthony Minghella, con una formación en el teatro y en la televisión británicos, y con tan sólo dos películas en su haber, dirigió una obra maestra indiscutible, una película llena de épica, drama, romance y momentos maravillosos. Hablamos de El paciente inglés, un film que no sólo alcanzó una calidad extraordinaria sino que además se alzó con el Oscar a la mejor película y con otras tantas estatuillas más. 

La novela original de Michael Ondaatje cautivó hasta tal punto a Minghella, que no pudo evitar, según sus propias palabras, hacer una película con esa historia. La película está ambientada en la Segunda Guerra Mundial y cuenta la historia de un hombre gravemente quemado, conocido como «el paciente inglés», y atendido por Hana (Juliette Binoche). El paciente es reacio a revelar información personal, y sólo a través de una serie de flashbacks se puede tener acceso a su pasado. Poco a poco se revela que él es en realidad un cartógrafo húngaro, el conde László Almásy (Ralph Fiennes), que estaba haciendo un mapa del desierto del Sáhara, y cuyo romance con una mujer casada, Katharine Clifton (Kristin Scott Thomas), le llevó a su situación actual. Otros personajes secundarios  con gran entidad, son David Caravaggio (Willem Dafoe),  Kaip (Naveen Andrews), un zapador indio de origen sij en el ejército británico, y  Geoffrey (Colin Firth), marido de Katherine.

                                 

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 Una de las escenas más destacadas sitúa a Hana iluminando mediante una antorcha unos frescos de una capilla. Aparece un ciclo de frescos de  La leyenda de la cruz, pintados por Piero de la Francesca.

  -Amor mío, te sigo esperando, cuanto dura un día en la oscuridad. El fuego se ha apagado. Empiezo a sentir un frío espantoso, debería arrastrarme al exterior pero entonces me abrasaría el Sol. Temo malgastar la luz mirando las pinturas y escribiendo estas palabras. Morimos, morimos, morimos ricos en amantes y tribus y sabores que degustamos en cuerpos en los que nos sumergimos como si nadáramos en un río, miedos en los que nos escondimos como esta triste gruta. Quiero todas esas marcas en mi cuerpo, nosotros somos los países auténticos, no las fronteras trazadas en los mapas con nombres de hombres poderosos. Se que vendrás y me llevarás al palacio de los vientos. Sólo eso he deseado, recorrer un lugar como ese contigo, con nuestros amigos, una tierra sin mapas. La lámpara se ha apagado... y estoy escribiendo a oscuras...

 Puede ser "El paciente inglés" una del las películas con más flash-backs en muchos años.  Los viajes al pasado, al interior de la memoria de un moribundo, el conde Laszlo de Almásy. Así descurren las distintas tramas, el romance entre Kaip y Hanna o el más intenso, el amor pretérito entre el personaje de Fiennes con el de Kristin Scott Thomas, que acaba de forma drámatica. Una curiosidad: el personaje que interpreta Ralph Fiennes, existió realmente -aunque se tomasen algunas licencias-, por ejemplo, el verdadero conde Laszlo sobrevivió a la guerra. Otra curiosidad es el llamado "Bosforo de Almasy". En realidad, ese hueco que se forma bajo el cuello de la mujer se conoce con el prosaico nombre de "escotadura supraesternal", pero en la película cobra un valor lírico y romático. 

-¡Quiero este lugar, me encanta este hueco!

-¿Cómo se llamará? 

- Pediré al rey que esta maravilla se llame el Bósforo de Almasy.

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Y para los más cinéfilos, ese punto anatómico de la mujer también fue abordado en una película de Alfred Hitchcock, "Sospecha" . En la escena, Johnnie Aysgarth (Cary Grant) , un tipo mujeriego y caradura, coquetea con Lina McLaidlaw (Joanne Fontaine). McLaidlaw intenta abrocharse el último botón de la camisa, pero Johnnie se lo prohíbe, es un pecado tapar ese hoyuelo que queda entre el final del esternón y el principio del cuello.… 

 Montaje y música. 

Ví por primera vez esta película hace muchos años, casi quince, y desde entonces me seducen  sus imágenes y su meliodiosa música. El montaje es a cargo del oscarizado Walter Murch, uno de los más grandes editores de su generación, junto con Thelma Schoonmaker, montadora habitual de Martin Scorsese. Su estilo como montador aparece recogido en diversos libros, entre ellos, destacaría "En el momento del parpadeo" (Ocho y medio) y "El arte del montaje" (Plot ediciones), interesante por que se trata de unas entrevistas con el escritor Ondaatje. "Montar es como una especie de baile que implica el movimiento del cuerpo, en consonancia con el ritmo de la película", decía el propio Murch. Con El paciente inglés fue doblemente oscarizado, por el mejor montaje y por el mejor diseño de sonido. 

                           

En la nota musical , el reto del compositor libanés Gabriel Yared era condensar en la banda sonora no sólo los  años de la guerra, sino reflejar también la identidad cultural de todos los personajes que aparecen  e incluso de los países que visitan, desde Italia al Norte de África. Así, nos encontramos ante una composición en la que abundan las melodías húngaras, cantadas por Márta Sébestyén (Szelrelem Szerelem), o algunos solos de piano como el aria de las "Variaciones Goldberg" de J.S.Bach. También encontramos una selección de melodías y canciones de la época,  el "Cheek to cheek", de Fred Astaire o el "One o’clock jump" de Benny Goodman. Sin embargo, lo que más me conmueve es el tema  I’ll be Back.

-Las traiciones durante la guerra resultan infantiles comparadas con nuestras traiciones en tiempos de paz. Los amantes, primero se muestran nerviosos y tiernos hasta que lo hacen todo añicos, porque el corazón es un órgano de fuego.

                                  

Nota final. 

Al final estamos ante la historia de una derrota: la del romance y la de su vida. Su final nos hiere hasta lo más profundo, pero ritmo, su lírica musicalidad nos libera. El éxito de esta película permitió que en su siguiente trabajo, el romance, la historia y la guerra volviesen a cruzarse en lo que prometía ser otro film memorable.  A las similitudes temáticas añadió Minghella la colaboración de prácticamente todo el equipo de esta aventura –la fotografía de John Seale, el montaje de Walter Murch o la sensibilidad musical de Gabriel Yared– o el diseño de producción de un valor seguro como Dante Ferretti. La película, Cold Mountaint, no pudo alcanzar la gran cima de English Patient, toda una obra maestra. 

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