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-No jodas, Sonrisas y lágrimas.

-¡Eh, Albert! Perdón, hermanas, no hay quien controle a estos protestantes. Ya saben.

Es cierto que Ken Loach nos tiene acostumbrado a un tono más serio cuando se refiere a los problemas sociales de su querida Inglaterra, pero el director inglés y su guionista habitual Paul Laverty aprovechan la situación actual de unos jóvenes sin oficio ni beneficios, para una correcta y socarrona comedia.

"Es un escritor magnífico y compartimos la manera de ver el mundo". Así se refiere Loach cuando habla de quien es, sin duda, su colaborador más inseparable, el guionista de origen hindú y pareja sentimental de la española Icíar Bollaín. Laverty le ha acompañado en una docena de títulos, comprobándolo por ejemplo, en una serie de ideas que suelen aparecen en su cine. Haciendo hincapié a los aspectos destacados de este film, sobresaldría la figura de los jóvenes, que aparecen en sus películas como víctimas colaterales de la realidad social que retrata. Kes, Lloviendo piedras; Ladybird, ladybird, Felices dieciséis o la que nos centra, son los ejemplos más interesantes en este sentido.

-Hay una reacción sutil entre la madera y el licor, porque la madera es lo que le da sabor y color al licor.

Lo cierto es que el aire british que destila la película, nos lleva a situarla a medio camino entre La ciudad de los muchachos (Norman Taurog) y las comedias producidas por la casa Ealing, como si se tratase de una versión hooligan y etílica. La imnportancia etílica ya aparece referencia en el propio título, pues la "parte de los ángeles" es la porción del alcohol que desaparece por evaporación en el proceso de la elaboración del whisky en la barrica. Un título que les sirve como metáfora para esta fábula sobre las segundas oportunidades de cuatro jóvenes sin futuro.

-Vengo a presentarme al trabajo comunitario.

-¿Y te llamas?

-Albert.

-Llegas dos días tarde.

-Debería estar en la lista, seguro.

-Vamos a ver, si me dices en que año estamos te dejo venir.

-¿En que año estamos? Me siento como si estuviera en ¿Quieres ser millonario? ¿Puedo usar el comodín de la llamada?

En el punto de partida de la historia, un tribunal de Glasgow condena a cuatro jóvenes marginales a trabajo comunitario, acabando ante un educador social, trasunto de mentor para estos perdedores.

Loach y Laverty consigen que sintamos simpatía por unos personajes, y sobre todo por uno que se pasa la mitad del tiempo delinquiendo a otros jóvenes con su mismo historial vital, y la otra mitad, apoyándose en el whisky escocés. Toda una sátira para aquellos que se consideran expertos en licores esquisitos. Pero los personajes creados por Loach y Laverty son cazurros de buen corazón e ingeniosas frases, capaces de provocar adhesión a su causa entre el espectador.

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