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La flamante ganadora del Melié de Oro, en el reciente festival de Sitges 2012, es una soberbia coproducción europea, definida perfectamente por el diálogo que indicamos a continuación.

-¿Por qué sigues en esto?

 -Por la belleza del gesto.

-Pero la belleza está en el ojo que mira.

 -¿Y si nadie mira?

Como vemos, es una película que se disfruta viendo, sobre todo con el personaje de Oscar (Dennis Lavant), un trasunto del Hombre con mayúsculas, el mejor personaje de esta temporada, que se pasa la película encerrado en una limusina dispuesto a afrontar nueve prosibles representaciones. He aquí la esencia de la película. Lo vemos en los créditos, los experimentos primitivos llevados a cabo por el francés Étienne-Jules Marey, cuando se entendía el cine junto al concepto del movimiento. En este caso, del movimiento de un cuerpo en plena transformación, referida en esta película a la transformación de la identidad. Oscar es una especie de muñeca rusa que va construyendo diferentes identidades como si se tratase de un summum de lo que consideramos como hombre, desfilando por la pantalla desde la figura del padre preocupado, del asesino a la del amante despechado, con una sensacional secuencia con Kylie Minogue, quizás lo mejor de la película.

Una propuesta diferente, con un argumento inclasificable pero genial. Empieza con un personaje que aparece en una sala de cine y continúa con otro que viaja por París en una limusina. Un personaje que comienza pareciendo un hombre de negocios, camino al trabajo, aunque en cada parada se trasmuta en otros tantos roles: una vieja pedigüeña, un asesino a sueldo o un hombre virtual, mientras que la película pasa del drama social al terror, junto al cine negro, la ciencia-ficción o incluso el musical con una secuencia que puede recordar al clásico "Los paraguas de Cherburgo".

                

Carax responde a uno de esos autores que se alejan de propuestas comerciales, que no discurren con argumentos lineales, apostando por proyectos más arriesgados y experimentales. Autores que no ganan la simpatía de un público general, lo que explica unos provocativos comentarios como los que señaló en el festival de Cannes: "No sé quien es el público y no me importan que entiendan la película". Su director, Leos Carax -enfant terrible del cine francés- llegaba a Sitges después de salir con las manos vacías de Cannes. Pero en el Festival de cine fantástico de Cataluña lograría todos los honores posibles con esta película genial, inclasificable y poliédrica. Una historia que no es fácil de describir, como tampoco despojarnos del misterio que fluye en sus imágenes.

 Seguramente la película no guste a todos ni llegue a todos los públicos, es una propuesta extraña e imaginativa, a cargo de quien firmase otra peculiar película, pero sugerente, Pola X, su anterior trabajo. Con un punto en común en todas ellas, un romanticismo un tanto peculiar en el que subyace tanto el amor como el desamor; desde Chico conoce a chica o Mala sangre a Los amante de Ponte Neuf o la propia Holy Motors. Esta película comparte algo más que un director y una temática con la llamada "Trilogía de Alex", denominada así por el personaje principal común en los tres títulos. Hablamos de Denis Lavant, el actor fetiche del cineasta francés y esos extraños personajes que ha encarnado como alter ego del propio Carax. De hecho, en Holy Motors repite personaje el "Señor Mierda" de ese trabajo llevado a tres manos que fue Tokio!. Un vagabundo que a pesar de su aspecto sucio y ruín atrae la atención de una modelo con el rostro de Eva Mendes: "La belleza está en el ojo que mira".

 Habría que citar también a la novia del director, Edith Scob, coprotagonista del film, fallecida recientemente o a la hija de ambos, quién también hace una breve aparición en la película.

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