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La política y la prensa incide en las tramas turbias relacionadas con el poder, la ambición y el dinero. Un subgénero, muy americano, que recupera la tradición cinematográfica de los setenta (A. J. Pakula), como también los villanos próximos a los bufetes de abogados, de las novelas de John Grisham.

Más allá de la figura de ese gran magnate de la prensa que fue Randolph Herst, llevado al cine bajo el personaje de Charles Foster Kane (Ciudadano Kane, Orson Welles), el cine y el periodismo han dado muy buenos réditos. Un hombre coraje arriesga su vida y su carrera en pos de la justicia. En realidad, todas estas historias suelen comenzar con un periodista sin escrúpulos, destapando una trama de corrupción, cuando empieza a tirar de la manta. Punto de partida que permite profundizar sobre la libertad de presa, junto al suspense, tensión y giros inesperados, como parte de un cocktail del que Hollywood ha hecho taquilla desde el cine de los años setenta.

Es evidente la influencia de esa cinematografía y en especial del cineasta Alan J. Pakula, pero no podemos olvidarnos otras producciones como la serie británica, State of play.

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La regla de oro del periodismo es decir siempre la verdad.

Es la regla que impera en The Herald, el periódico en el que trabaja en calidad de freelance el protagonista de la serie británica. Como también: Que los buenos periodistas no tienen amigos, tienen fuentes.

- Lo de Watergate, si te das cuenta, es una cortina de humo, que tapa algo muchísimo más grave.

Esta historia trata de actualizar algunas de las claves que hicieron famoso al estilo del realizador J. Pakula, como por ejemplo, las trabas a la prensa a la hora de enfrentarse a lobbys omnímodos que cimientan el poder. El periodismo como profesión útil, e incluso heroica, tiene a nivel cinematográfico un referente fundamental: Todos los hombres del presidente. Como decía el propio Alan J. Pakula, unos garabatos y notas, recopilados con paciencia y mucho esfuerzo, adquieren sentido y la capacidad de derribar muros infranqueables.

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La película hacía hincapié en el trabajo de hormigas de los legendarios periodistas del Washington Post, Carl Berstein y Bob Woodward, interpretados por Dustin Hofman y Robert Redford, con una narración sobria, que ponía como telón de fondo los turbios laberintos del poder del Presidente Richard Nixon y el famoso caso de Watergate. Este estilo crearía escuela en algunas grandes producciones como Zodiac o la de David Yates, el creador de la serie State of play. De una investigación exhaustiva, además recorrida en treinta años, en busca del primer asesino mediático, Zodiac, bebía de estas mismas fuentes. Pero el propio Carl Berstein, uno de los protagonistas del suceso real reconstruido por Alan J. Pakula, nos advertía –en un documental, algunas décadas más tarde- que lo glorioso del periodismo de investigación no se iba a repetir.

- Hay una nueva configuración de los medios, sobre todo de la televisión, que permite al presidente y a su entorno, a controlar los medios de comunicación, hasta puntos impensables en los tiempos de Nixon.

Por citar otras dos películas, las más interesantes de los retratos del mundo de la prensa hecho por el cine americano, hay dos visiones en las que incide no de forma complementaria, pero con un discurso similar. La primera, Buenas noches y buena suerte (dirigida por Geprge Cloony) es un excelente trabajo cinematográfico, en la que refleja la América de “la caza de Brujas” de McArthur, a través de un popular programa de radio que hacía reflexionar sobre el papel del Cuarto Poder.

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- No vamos a entrar con miedo a una época de sinrazón, si nos afianzamos en nuestra historia y democracia. Y recordamos que no procedemos de hombres cobardes, hombres que no tuvieron miedo a huir, a asociarse, a hablar y a defender en su tiempo las causas que fueran impopulares.

La otra, película muy anterior, pero ambientada en el mismo proceso, estaba dirigida por Richard Brooks y protagonizada por Humphrey Bogart. El filme se llamaba El cuarto poder:

- Sin democracia no puede existir libertad de prensa y me refiero a la libertad de empresa, señoría, a dar al público a elegir sus ideas, sus noticias y no las de un hombre, un dirigente o las de un gobierno.

                                        

La libertad de prensa ha sido uno de los caballos de batalla de este "cuarto poder", desde tiempos antiquísimos que el cine de Hollywood siempre ha querido remarcar tras cada conspiración, conflicto con el poder e incluso guerras. Sólo hay que ver el trabajo realizado por Michael Moore en Farenheit 9/11, con respecto a la Guerra de Irak: "Esto es el ejército, aquí no hay libertad de prensa". Cada vez es más frecuente ver las "amistades peligrosas" entre la política y la prensa, sobre todo cuando alcanza ahora una interesante vigencia al contemplar la actualidad desde las cada más intrincadas alcantarillas del poder.