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La película que Kubrick dedicó al siglo XVIII es una muestra de su genialidad como director, basándose en los tres pilares que han caracterizado su cine: la fotografía, la música y las adaptaciones literarias. En esta ocasión, de una novela del autor inglés -aunque de origen hindú- William Mackempeace Thackeary. Nos encontramos en la Inglaterra del siglo XVIII, en plena guerra contra los franceses durante el controvertido Jorge III. Y es, junto a El Gatopardo, de Visconti, una de las mejores recreaciones  históricas. 

 Barry Lyndon

Redmond Barry (Ryan O´Neil), un joven irlandés de provincias, vive con su madre y está perdidamente enamorado de su prima Nora. De hecho, bate a duelo a un adinerado y fanfarrón capitán inglés, que le promete en matrimonio, por lo que se ve obligado a marcharse a Dublín. Pero en el viaje es asaltado y sin un penique en los bolsillos, decide alistarse en el ejército. Marcha a la guerra en Europa y finalmente deserta, suplantando a un correo, camino a Prusia, aliada de Inglaterra. El capitán prusiano Polkpoft (Hardy Kruger) descubre su engaño y le obliga a entrar en su ejército; e incluso le sigue sirviendo una vez acabada la guerra. Entra en el cuerpo de policía con el fin de vigilar a un caballero irlandés (Patrick Magee), sospechoso de espionaje. Pero el hecho de encontrarse a un compatriota, en tierras lejanas, le llevó a unirse a este personaje que le hará conocer la nobleza más señara, a través de las mesas de juego, e incluso a su futura esposa, la condesa Lady Lyndon (Marisa Berenson). Sin embargo, esto supondría su definitiva caída y su hulmide origen irlandés.

                                    

"Solo, cansado como estaba qué podía hacer un hombre descorazonado. Aceptó la pensión y se fue a Irlanda con su madre. Volvió al continente y continuó con las mismas aficiones, sin éxito de antaño. Y nunca más volvió a ver a Lady Lyndon".

Barry Lyndon es todo un fresco histórico con una multitud de detalles y curiosidades. En la música, Kubrick abandona el individualismo de La naranja mecánica para enmarcarse no sólo en la música de su momento (Mozart, Haëndel, Shubert), sino también otras de carácter floclórico (La marcha de los granaderos, El lilibulero). Recurre a la voz en off, propio de otros personajes del XVIII adaptados al cine de la literatura, como el Tom Jones (Tony Richardson); en este caso, merece la pena citar la voz de José Luis López Vázquez.

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Junto a la música, también merece la pena detenerse en la fotografía, toda una revolución por parte de Kubrick y de su director de fotografía habitual, John Alcott. Ya es una costumbre de este cineasta el innovar en cada nueva película (el uso de steadycam en El resplandor, las innovaciones de cámaras en 2001). En Barry Lyndon destaca la luz natural, de velas, para los interiores, próxima al naturalismo en la fotografía cinematográfica que dejara el español Néstor Almendros.

barry lyndon

 

barry lyndon parte 3

 

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El filme ganador de varios Oscars  en el aspecto técnico tendría una gran conexión con el tiempo que cuenta a través de un argumento totalmente detallista, rodado al milímetro. La marcha de Redmond a Europa recuerda a la llamada "fuga de los gansos salvajes", los paisajes, los paseos, la religiosidad, los vestidos y atrezzos, todo respira autenticidad en esta película. Hay referencias históricas (La Guerra de los Siete Años y la Guerra Americana) y aspectos de la sociedad de la época. Como pretende Barry Lyndon, para la concesión de un título, se llegaba a derrochar dinero en fiestas, viajes y en excentricidades, pasándose endeudamientos y apuros económicos.

 Por último podríamos referirnos al reparto "familiar" que acompañó al director en algunos de sus filmes. El irreconocible Chevalier de Balibari (Patrick Magee) es el escritor que sufriría los ataques del violante Alex ; y el capitán Quin era uno de los cosmonautas de 2001; pero quisiera destacar a Phillip Stone, como el padre del joven protagonista de La naranja mecánica y un "fastasmal" huésped del hotel Overlook, en El resplandor.

Phillip Stone Kubrick

Cada plano respira una auténtica construcción pictórica, como si fuéramos una tarde a un museo de Arte e incluso asistiendo a una clase de Historia Moderna. De Hecho, Steven Spielberg había comentado de ella: "Barry Lyndon me gusta, pero es como si fueras al Prado sin comer". Lo que sucede es que también es una de sus películas que más controversia a creado. Para algunas estamos ante una de sus obras maestras, mientras que para otros es su film más aburrido. Para ellos, Barry Lyndon sería un donnadie, cuya vida es intrascendente. Juzguez ustedes mismos. 

              barry lyndon epilogue