20120412225155-shame.jpg

-Seguir a la masa y llevar una vida normal es complicado: el adicto no trabaja, no tiene pareja, no tiene responsabilidades ni moral, solamente tiene que preocuparse de costear su adicción.

Este monólogo clásico, que se establece al comienzo de la película Transpointing, puede servirnos para iniciarnos sobre el mundo de la adicción. Sobre cualquiera de ellas. El filme de Danny Boyle nos acercaba a la drogodependencia de unos jóvenes cuya filosofía de vida giraba alrededor de la pregunta: ¿para qué elegir la vida?

La hipersexualidad es el aumento repentino en la libido o en la actividad sexual, concepto que ha sustituído a los tradicionales ninfonía y satiriasis. Cuando esta líbido sexual se convierte en una patología, ya se habla de adicción sexual. Chicas de la calle, de la oficina o del metro; prostitutas, pornografía, cibersexo. Los personajes que sufren de una adicción sexual consumen chicas, como el que se emborracha de agua de mar: cada nueva conquista le sacia de su sed de sexo, pero por cada sorbo se hunden más en la desesperación emocional. Pero no es el hedonismo el que le lleve a la satisfacción sexual, porque se podría sospechar que no alcancen ningún tipo de satisfacción. El sexo adquiere la condición de droga para la evasión. 

Y Nueva York se muestra como el decorado perfecto para una perversión esquizoide. Se trata de la ciudad que nunca duerme. El mismo decorado que tantos directores han recurrido para hundir al espectador en los angustiosos terrenos de la sexualidad y la adicción. William Friedkind, Martin Scorsese, Abel Ferrara o Larry Clark nos acercaron a sus bajos fondos, en donde el deseo sexual podía ser siempre satisfecho.

-Si quiere ahorrarse dinero no se acueste con ella, porque querrá hacerlo todas las noches. He estado aquí durante años y jamás he visto una fiera como ella.

                           tumblr_lrh4f8sHFZ1qmutg9o1_400

Harvey Keitels hacía un reflejo de la pederastia con el personaje de Jodie Foster en Taxi Driver (Martin Scorsese), mientras que el mismo actor también representaba los bajos fondos neoyorquinos en otro escenario urbano turbio de Abel Ferrara, en Teniente corrupto.

-Con esos labios habrá chupado muchas pollas. Venga, ¿cómo lo haces? Quiero ver cómo chupas una polla.

Pero existen otros personajes que se cuentan entre los grandes triunfadores del sistema y que se hunden en el mismo lodo. Habitantes de un piso sin libros, blanco y aséptico, un perfecto templo del culto al "yo", emplazado en el centro, del centro del mundo, Nueva York. Convendría la pena no olvidarse de una serie de personajes que, aunque compartan escenario, no tienen nada que ver con el yuppie ridículo de 9 semanas y media, o las solterones, adictas a los Manolos, de Sexo en Nueva York. Las adicciones al sexo de todos ellos no es más que una consecuencia de la soledad de sus personajes, como la del psicopata salido de la fantasía de American Physco.

-Tengo 27 años, me gusta cuidarme, sigo una dieta equilibrada y rutina rigurosa de carbohidratos. 

Seis décadas la separan con Desayundo con diamantes (Blacke Edwards), sin embargo encontramos en todos estos personajes una íntima relación.

-No soy Holly, ni siquiera Lola, no sé quien soy. Soy como este gato, una pareja de felices, sin nombres. No pertenecemos a nadie y nadie nos pertenece. Ni siquiera el uno al otro. 

A fin de cuentas, Holly era una charlatana que enamoró a medio mundo pero con pocas semejanzas con el personaje del original. En la novela de Capote, se insinuaba con mayor claridad, que en la película, que su personaje era…

- En total, he sido invitado por veintiséis canallas en estos últimos meses.

Una prostituta. 

                  eyes wide shut

También por Nueva York se pasea el protagonista de Eyes wide shut (Stanley Kubrick) en su propio descenso hacia los infiernos o los ejecutivos solitarios de La lista (Marcel Langenegger). Protagonizada por una pareja de estrellas de Hollywood: Ewan McGregor y Hugh Jackman, nos cuenta los "placeres" de una élite social que "dedica todo el tiempo a su trabajo y cero a su vida". El último director que se ha acercado a estas historias ha sido Steven McQueen, no confundir con el actor, quien hace del cuerpo de sus personajes todo un lienzo del dolor. En Shame Michael Fassbinder interpreta a un personaje adicto al sexo, siguiendo la temática del reportaje. 

-He visto tu disco duro, es asqueroso. Quiero decir, sucio.