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"Me interesan las historias sobre la gente que no se conoce, sobre todo cuando están dentro de un suceso histórico que todo el mundo cree conocer". Esta frase del propio Redfort es toda una declaración de intenciones de una filmografía basada en retratarepisodios históricos suficientemente conocidos, en la que denuncia aspectos muy concretos lejos del alcance del gran público. Así sucedió con Quiz show, al mostrarnos las bambalinas del mundo de la televisión, y Leones por corderos, con la Guerra de Irak de fondo. En esta ocasión, recupera la condena a muerte de Mary Surratt, primera mujer ejecutada por el gobierna federal, injustamente acusada de participar en el asesinato del presidente Lincoln. El magnicido de Abraham Lincoln es conocidísimo por todos, de éste sabemos incluso la obra de teatro del que disfrutaba en compañía de su esposa, o la famosa cita de su asesino: "Sic semper tiranys", "así siempre con los tiranos"; pero el proceso y la suerte de los procesados practicamente se desconocía muchos de sus detalles.

La película arranca con la secuencia de una batalla, con el fin de encuadrar la historia en su contexto. Estamos a finales de la Guerra de Secesión, por recordar algo de ella, fue el conflicto civil entre el Norte y el Sur en el siglo XIX. Funcionando cómo prólogo, de manera casi independiente del resto del relato, nos presenta las últimas bocanadas de la citada guerra, mostrándonos un campo de batalla cubierto de cadáveres y un primer plano de dos hombres, malheridos. Uno de ellos, Frederick Aiken, alienta a su amigo a seguir vivo, hasta que la ayuda termina por llegar. De esta forma, Rerford ya nos muestra la catadura moral del personaje, retratándolo con un elevando sentido del honor, al hacer evacuar a su amigo herido, antes que a él. Pero el destino pronto pondrá a prueba sus principios morales, pues la siguiente escena ya nos muestra un escenario totalmente distinto. 

El lugar: Washington D.C., el tiempo: abril de 1985, unas semanas más tarde. Estamos ante el día en que fue llevado a cabo el magnicidio contra Lincoln. El presidente fue asesinado por el actor sudista Booth, mientras asistía a la representación de "Nuestro primo americano". En ese momento, Aiken ya estaba recuperado de las heridas y quería volver a su vida civil, como próspero abogado y futuro esposo. La defensa cae a cargo de un senador sudista de nombre Johnson (Tom Wilkinson) que no dudaría en pasar la "patata caliente" a un joven recien licenciado, protegido suyo, a quien le desagrada por completo esa decisión. Sus motivos son claros y solemnes: acababa de conclir una guerra, en la que él mismo había participado; habían asesinad a Lincoln, personaje que idolatraba; y sentiría el rechazo de la gente, pues sería mal visto el defender a alguien del Sur. 

-¿Entiende de qué se le acusa, que si le condenan podrían matarla?-No soy una asesina. 

En el proceso, habían capturado a todos los conspiradores menos a uno, que había huído, y en su lugar capturaron a su madre, por complicidad en el magnicidio. 

-Ese día estaba en Canadá.

-¿Tiene pruebas?

-Había recibido una carta fechada el 14 de abril, el mismo día del asesinato y mandada desde Montreal. 

Propios y extraños, los políticos y el pueblo, presionan para que la mujer sea condenada y poder pasar página lo antes posible. Pero esta vuelta a la normalidad, requiere saciar la sed de venganza. 

-No es justicia, lo que ustedes buscan, sino venganza. 

-No sé si es justicia o vengaza, pero por garantizar la supervivencia de la nación haría lo que fuera. Mary Surrat participó en el crimen más grave de la nación y la situación requiere una sentencia rápida, firme y severa. Yo también considero sagrados esos derechos, abogado, pero no tendrán ningún valor si nuestra nación deja de existir. 


La rendición del Sur dejó paso a un falso clima de armonía y una paz tan endeble, que el asesinato del presidente amenazaba con resquebrajarla. Esto podría justificar la actitud de Edward Staton (Kevin Kline), el hombre fuerte del gobierno, que opta por una respuesta rápida y contundente: un juicio militar y una resolución sumarísima, en la que se ve involucrada el personaje de Mary Surrat. 

-Debe decirnos, dónde está su hijo.

-¿Decirnos? ¿Decir a quién? ¿De qué parte está?

-Intento defenderla.

-¿Sugiriendo que intercambia mi vida por la de mi hijo?

Su propia actuación de defensor empieza a complicarse cuando afecta su vida personal, sufriendo el abandono de una sociedad que había defendido, hacía poco tiempo en la guerra. 

Este contexto, el de la condena al ostracismo del personaje obligado a defender sus ideas, es una constante en la filmografía de Robert Refort. Aparece en algunos de sus títulos como director -El río de la vida o Leones por cordero, en el profesor de univerdidad, curiosamente interpretado por él mismno- o como actor; destancando las películas a las órdenes de J. Pakula (Los tres días del cóndor, Todos los hombres del presidente). Ambos filmes mantienen semejanzas con la cinta que nos atañe: hablan de conspiraciones y de unos personajes que terminan desengañados de la política. Fiel defensor de la ideas nordistas, Aiken termina la película cayendo en el escepticismo hacia un sistema (la justicia, el gobierno) que había permitido una injusticia de tales proporciones. De hecho, al final aparece un rótulo que nos explica que el personaje abandonó la abogacía por el periodismo, trabajando como redactor del "Whasginton Post", el mismo rotativo que denunció el caso de Watergate, presente en el filme "Todos los hombres del presidente".