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Independence Day (Rolan Emmerich), Monstruoso (Matt Reeves), o las más recientes Invasión a la Tierra (Jonathan Libesman) y Skyline (Colin y Greg Straus) son parte de una temática centrada en la amenaza exterior que pretende acabar con los valores de la sociedad norteamericana y, en última instancia, con la propia civilización. Cada cierto tiempo aparece un nuevo título que hace resurgir las mismas ideas desde que naciese en el contexto de la Guerra Fría y el miedo a un apocalipsis nuclear. La ciencia-ficción presenta mejor que otros géneros el pulso de la actualidad a través de un mensaje metafórico. Si el tema del apartheid aparecía en Distrito 9, el pánico del terrorismo a gran escala y del 11S estaban velados en la película de Spielberg.

- ¿Quiénes son? ¿Son terroristas?

- Vienen de otra parte.

- ¿De Europa?

- ¡No Robin, no vienen de Europa!

H.G. Wells adoptó el modelo dickensiano a unos personajes que luchaban contra su entorno opresor o los problemas más candentes de la época por medio de la crítica y exageración de algunas de las características que se padecían. Época que daría paso al pesimismo de sus obras, en donde ya no creía en el hombre, en su sentido individual, para hacerlo más en la humanidad.

Apoyó la idea de que la humanidad estaba avanzando por un camino que le llevaría a la perfección final, con un impulso que encontramos en la base científica de algunas novelas suyas, como La guerra de los mundos. La adaptación al cine de la novela sólo era cuestión de tiempo. La primera llegó en los años cincuenta y sus efectos especiales ganaron un Oscar, algo que no conseguiría Steven Spielberg, con su cuestionado remake. Su dirección corrió a cargo de Byron Haskin, especialista ya de las adaptaciones literarias, sobre todo de las obras de Julio Verne, con quien había coqueteado con la ciencia-ficción en Viaje a la Luna.

- Pero, coronel, ¿no deberíamos disparar?

- Es un buen medio de persuasión. Trate primero de comunicarse con ellos, ya habrá tiempo para disparar.

Spielberg recuperaba las gigantescas máquinas en forma de trípode que aplastan coches, arrasan edificios y disparan con esos láseres con una precisión diabólica, segando la vida a decenas de inocentes; como las batallas entre un enemigo monstruoso, deshumanizado y los aguerridos marines que hacen gala de un valor, de una inventiva táctica frente a lo desconocidos. En muchas escenas resuena el grito Join to the Marines!!, como en esas largos convoys que atraviesan las carreteras secundarias o la enconada ofensiva que hacen los marines con el fin de preservar la integridad física de ciudadanos indefensos. Más allá del mero acto de supervivencia, se acerca al sentimiento revanchista post 11S y que encuentra el principal reflejo en el personaje de Robin, obcecado con unirse a los Marines. No es otra cosa que una extensión física y psicológica de una parte de la población, considerada patriótica, con ese espíritu beligerante que engrasó la “guerra contra el terrorismo” del Presidente Bush y que terminaría con la Guerra de Irak. ¿Alguien ha dicho Irak? Una de las películas más interesantes de esta temática, Invasión a la Tierra (Jonathan Liebesman), utilizaba los combates entre los marines y los extraterrestres para reproducir la lucha urbana, casa por casa, en las luchas más sangrientas en suelo iraquí.

                        

 Lo que sucede es que existe en la película otro enemigo real muy humano, fruto también del sentimiento post 11S: la falta de humanidad y el miedo que tenemos hacia nosotros mismos, reflejado en la escena en la que la gente pretendía linchar a todo aquel que pretendía coger el coche en el que viajaban los protagonistas, o en el personaje secundario interpretado por Tim Robbins, que resumía los personajes del cura y el artillero, presentes en la novela original. Del texto de Wells es también la "maleza roja", aunque se representa no como un método de colonización sino como un sistema de los alienígenas para guardar su alimento, la sangre humana; o el final con la alusión a las bacterias: “Desde que los invasores llegaron a la Tierra y respiraron nuestro aire, bebieron y comieron estuvieron condenados. Fracasadas nuestras armas, fueron destruidos por las especies más pequeñas de nuestro mundo”. Pero lo más interesante es que esta versión retoma la imagen clásica de las máquinas trípode desintegrando a los humanos con el rayo abrasador; e incluso la visión global del conflicto o la repercusión de los medios de comunicación, vitales en el mundo en que vivimos.

-Emitíamos para Nueva York. Se quedaron a oscuras. Así que pinchamos Washintong y también Chicago, Los Ángeles y Londres. E incluso hemos pinchado las cadenas locales, por si emitían. En todas partes, igual. Cuando aparecen los trípodes, se acaba la noticia.

También en la película encontramos temas y características propias del cineasta norteamericano. En toda película de Spielberg sus personajes aparecen reflejados en el espejo retrovisor, da igual que la historia sea de ciencia-ficción o esté basada en hechos reales. Donde haya un coche, hay un plano tan característico de este cineasta, y a falta de un espejo retrovisor improvisa uno con las mismas funciones; lo que vemos en la pantalla de la cámara de video del primer ataque. Sin embargo, más importante sea la relación paterno-filial reflejada en sus historias y que determina buena parte del argumento.

-Visualiza un plan en la que tu hermana de diez años no tenga que alistarse a los Marines. ¿Se te ocurre alguno?

-Este es la verdad, no tienes ni idea de a donde ir. Pero te crees más listo que nadie. Nos dejarás tirado con ella y así solo te preocuparás de ti.