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-Una persona se toca la cara entre dos y siete veces por minuto, y cuando no, estamos tocando pomos, vasos o a otras personas.

Cada cierto tiempo las pantallas se contagian de un virus mortal, con unas películas que explotan el terror humano a las pandemias. Un subgénero jugoso, no vamos a engañarnos. Y la película de Steven Sorderberg está dispuesta a hacernos reflexionar sobre este tema. ¿Qué pasaría si sólo con tocarnos nos trasmitiéramos un virus mortal? Este cineasta que bien se mueve por el cine comercial como el independiente,  se atreve con una  historia de epidemias globales, que resulta rabiosamente actual, viendo muchos de los titulares que aparecen en los telediarios: “En el Reino Unido, al problema de las “vacas locas” se une también el de la fiebre actosa”, “La ONU ha confirmado que hay una epidemia de cólera entre los refugiados, sólo una cuarta parte de los países de todo el mundo toma las medidas sanitarias necesarias”.

-El día uno había dos personas, luego cuatro y luego dieciséis. En tres meses, mil millones. Eso es a lo que nos enfrentamos.

Sorderberg prescinde de la ciencia-ficción para hacernos un retrato certero de todos los personajes involucrados en una infección. Por la pantalla vemos un largo discurrir de afectados, políticos, periodistas y por supuesto, epidemiólogos.

-Así que tenemos un virus nuevo, con una tasa de mortalidad del 20% sin protocolos de tratamientos ni vacunas, hasta este momento.

-Correcto.

Lo que hace el director es una disección de principio a fin, el desarrollo completo del contagio de una enfermedad y también la información.

-Desde anoche ha habido cinco muertos y catorce nuevos casos.

-Y sabemos que uno de los focos era una escuela primaria.

-De acuerdo. Eso es a lo que tienes que estar preparada, va a ocupar todos los titulares. ¿Cómo se debe tratar el tema con los medios de comunicación?

-Estamos aislando a los enfermos y poniendo en cuarentena a los que pueden haber estado expuestos.

 Sorderberg responde con contundencia aplicando el montaje de Traffic, con una estructura coral y una perspectiva analítica a distintas bandas. Y para buscar un mayor realismo, decide apoyar la epidemia según el concepto de SARS (Síndrome Agudo Respiratorio Severo), que se propagó por Asia, a comienzos del nuevo milenio.

Igualmente la película reposa sobre unos temas universales (la lucha por la supervivencia y el valor de la solidaridad), pero también sobre otros que se explican dentro del mundo en que vivimos (los peligros de una amenaza viral en un mundo tan globalizado y el debate en torno a la manera de transmitir la información).

De hecho, cuando el ciudadano de a pie tiene conocimiento de la pandemia, nunca sabe realmente cómo se ha propagado o cuánto de realidad tiene la amenaza; la información se diluye en otros cientos de temas mundanos. Es decir, los gobiernos juegan a la desinformación, con el fin de evitar el caos social, lo que como contrapartida puede crear un estado de pánico, a veces innecesario. Esta es la clave de Contagio.

Al mismo tiempo que sucede la desinformación, cobra protagonismo Internet.

-Se ha escrito en Twitter que la información sobre este virus se está ocultando por parte de la CBC y de la OMS para que los amigos de la actual Administración se beneficien de la actual situación.

-Dicen que los franceses y los americanos tienen la cura, que la están fabricando en secreto. La OMS lo sabe pero está confabulada con los americanos.

-¿Quién lo dice?

-Internet.

En este último apunte, habría que destacar al personaje de Alan Krumwiede, interpretado por Jude Law, un blogger que anuncia la existencia de un medicamento homeopático (llamado Forsicia) capaz de curar la enfermedad.  Sobre este personaje, señaló el guionista T. Burns: “Hay que pensar que, hoy en día, cualquier acontecimiento está acompañado de un torrente de teorías conspiratorias y de información de dudoso origen que se propagan por la Red como si fueran un virus”.

Contagio es cierto que es una superproducción cargada de estrellas, sin embargo, este director ha llegado a aunar lo mejor de ambos mundos creativos (el independiente y el comercial). El resultado es un montaje trepidante pero sólido y con un reparto de actores, genial. Hagan sus apuestas por saber cuántos se salvan de la pandemia.