20111021023833-dsc00716.jpg

  Nuestra andadura festivalera recala en tierras españolas para asistir al Festival Internacional de Cine Fantástico de Cataluña,  el Festival de Sitges, que se celebra entre los días 6 y 16 de octubre. Si las curiosidades de Sitges fueran un currículum, su condición mediática como sede de un festival con tanta solera, nos quedaría clara. Este pueblo es el origen de la familia Battle, de gran tradición política y comercial en Uruguay, como también vecinos de Sitges fueron los fundadores de las empresas licoreras Bacardí y Brugal. Pero lo que le da fama mundial es el festival de cine fantástico y de terror que cumple, este año, su 44ª edición.

 Ir a un festival grande te da una perspectiva de cómo está el programa internacional y cómo es la industria del cine desde la visión del aficionado que llena las salas y de los actores y directores que se acercan para contarnos su película. Una labor extenuante, llegándose a improvisar parte del  trabajo, pues no da tiempo para nada y siempre hay problemas de última hora. Uno de los más repetidos era la mala organización de los directores que iban a exhibir sus películas, que no siempre contaban con los pases suficientes como para que su equipo asistiera al estreno de su propio trabajo; lo que sucedió a Fresnadillo, con Intruders.

 Me comentaba un veterano de Sitges, el escritor y productor Ángel Gómez Rivero, que este era un festival con tanta solera que se obligaba la etiqueta para asistir a los estrenos. La primera vez que fue Sam Raimi, le negaron la entrada porque no iba adecuadamente vestido. Al día siguiente, el conocido realizador de “Posesión infernal” llegaba al festival, con chaqué y sombrero. Hoy Sitges está abierto a todo tipo de amantes del género, es algo así como una enloquecida caseta del terror. Asistimos a homenajes a Paul Nashy y a premios como el Nosferatu, que este año se otorgaba a Luigi Corzi,  con títulos como “Starcrash”. También había exposiciones, ubicándose en una de sus sedes –el edificio Miramar-, con pequeñas muestras centradas en A. I. “Inteligencia Artificial” (Steven Spielberg) y en las reinterpretaciones de algunos iconos del cine de terror: Frankenstein, Michael Mayers, Leatherface, Jason… Y por supuesto, estaban los stocks  para los adictos al merchandising y las colecciones, con todo tipo de artículos y rarezas del género.

 Debido a la referencia de A. I. “Inteligencia Artificial”, -aquella versión del cuento de Pinocho que dirigiese Spielberg, casi por encargo de Stanley Kubrick-, a los asistentes al Festival nos seguía una pareja de rostros inquietantes relacionados con la temática de esta edición del festival: la inteligencia artificial. Pero la cantidad de películas que presentaba su programación ha ampliado las fronteras genéricas del cine fantástico y de terror.  Esto ha permitido atraer a todo tipo de público, apostando el festival por un cine sobre determinados temas, desde distintas ópticas: como ejemplos podríamos reseñar, la amenaza alienígena (Nacho Vigalondo, “Extraterrestre”; Joe Cornish, “Attack the block”) o los zombies (John Gedett, “Exit Humanity”; Michael Barlett y Kevin Gates, “Wold of the Dead: The Zombie Diaries”). Un festival inabarcable, por la cantidad de títulos en la sección oficial, del que haremos un somero repaso, seleccionando lo más destacados y las rarezas.

 Distopías de Sitges.

 Es curioso cómo estamos ante uno de los festivales que más ha hecho por el fin del mundo. La buena salud que goza, lo demuestra la cantidad de títulos que ambientan sus historias en paisajes apocalípticos o que muestran la forma de afrontar el estallido final de sus personajes. A veces, las reflexiones ante este inevitable hecho es lo fundamental del argumento, sin necesidad de recurrir a efectos especiales de ninguna clase. Esto sucede con  Lars Von Triers, Melancholia, y Abel Ferrara, 4:44 Last Day on Earth. "Cuando se debe morir y el mundo está a punto de acabarse, no queda más remedio que aceptarlo”, sostiene el director. Ferrara trata el tema con banalidad, para contar la temática preferida de su  filmografía: la autodestrucción, la crisis de un personaje ante un acontecimiento que le supera.     

 Ferrara prefiere recrear el cataclismo desde la intimidad de un loft neoyorquino, no como otro autor que se ha dejado ver en Sitges, Xabier Gens con The divide. El cineasta optó por preguntarse sobre la pérdida de la humanidad, cuando dejamos de ser humanos y nos convertimos en bestias. La ciudad de Nueva York queda destruida tras un ataque de misiles y un grupo de supervivientes se refugian en un búnker subterráneo. Mickey –interpretado por Michael Biehn- se convertiría en el líder del grupo, que deberá convivir en un claustrofóbico lugar a salvo de la radiación. No se conviene revelar grandes detalles del argumento porque la película está llena de giros inesperados, como consecuencia del progresivo deterioro físico y mental de sus personajes. Eso sí, uno de las observaciones de la película son los ecos a los atentados del 11 de septiembre de 2001, demostrando que este género no hace otra cosa que tomar la temperatura del mundo.

 Las imágenes que ilustran la destrucción de grandes ciudades nos ponen la piel de gallina pero también nos electrizan, así de extraños somos. Hay algo hipnótico que nos impide apartar la mirada de la catástrofe que se describe y de esto se ha sabido beneficiar el cine, que ha contado con un despliegue de recursos a la altura de la destrucción a la que se pretende acercar.

 Una de las películas más esperadas del Sitges´11, es otra de las que reflejan los temores de la actualidad. En “Contagio”, Steven Sorderberg plantea cómo el miedo se extiende más rápido que una pandemia vírica, mientras vemos en pantalla a los personajes de esta historia, enfrentándose al desorden mundial y a la paranoia que les rodea. Y lo hace sin los grandes efectismos del cine de catástrofes, sino a través de unos personajes que resultan más o menos anónimos, cuya cotidianidad se rompe a causa de un acontecimiento a escala global: el miedo.

 Del cine español al de otros confines.

 El cine fantástico ibérico se encuentra en una situación  extraña, estamos en uno de los momentos brillantes del terror español, con una atractiva selección de títulos, pero no existe una auténtica personalidad. En palabras de Ángel Sala, director del Festival, “el nuevo cine fantástico español se refugia en la investigación de sus directores, en unos guiones originales y un relato creativo, pero sobre todo en la referencialidad extrema”. Y una  vez más nos referimos al cine hecho en Hollywood.

 El Festival se iniciaba con toda una curiosidad, “Eva”, la primera producción española que nos acerca al tema de la robótica, desde un punto de vista emocional. Se trata de una película con una gran factura técnica, pero en la que se observa una temática de lo más convencional, “al buscar algo armónico entre la ciencia-ficción y el melodrama”, como señala su director, para desvelar sus confesas influencias de Spielberg y Kubrick.    

Como sucede en las producciones americanas, el miedo está muy presente en el cine español visto en Sitges, tratado de forma más interesante, si cabe, por la diversidad y por acercarnos a los miedos atávicos y cotidianos. En este sentido, destacamos dos títulos.

 “Intruders”, dirigido por Juan Carlos Fresnadillo, es un filme rodado en Inglaterra y España, con un reparto internacional encabezado por Clive Owen. La historia es una puesta al día de uno de nuestros temores primitivos, el miedo en la infancia a la oscuridad, al monstruo oculto en el armario, el hombre del saco; un personaje que en la película recibe el nombre de “Carahueca”. El filme respira independencia y personalidad, por usar el referente no como cita sino como ejercicio de estilo. Eso sí, corre el peligro de diluirse a causa de la excesiva tendencia al híbrido, con un coqueteo con el thriller y el melodrama.

 La otra película española que quisiera destacar, “Mientras duermes”, es el regreso al largometraje de Jaume Balagueró fuera de la saga Rec. En el filme, el portero de un inmueble mantiene una obsesiva y enfermiza relación con una de las vecinas, en una propuesta claustrofóbica que se aleja de los fantasmas aterradores y de zombies.  Una película que muestra el lado oscuro que llevamos dentro. “Qué el horror venga del mismo individuo nos quiere decir que los monstruos que más nos deben inquietar sean los hombres”, atestiguaba el director. Una historia en donde su propuesta del terror se aleja de los efectismos y del movimiento de la cámara de sus anteriores películas, para acercarnos a la cara más cotidiana del horror y al mismo tiempo más inquietante.

 Desentrañando lo que ha dado de sí el festival, llega la hora de acercarnos a la interesante y abundante producción de otros confines. Fue el ámbito asiático en donde encontramos más producciones foráneas, responsable también del diseño de los carteles promocionales del festival. Y aunque no correspondían ni al género de lo fantástico ni al cine de terror, muchas películas tenían como tema el mundo de los samuráis y de las artes marciales. Nos sorprendía el trabajo del cómico Hitotsi Matsumoto “Scarbad Samurai”, centrado en un samurái sin espada que se ve obligado a hacer reír a un príncipe enfermo para poder salvar la vida; pero sobre todo un Takashi Miike mucho más contenido de lo que nos tenía acostumbrado con otro filme de época: “Hara-Kiri: Death of samurái”.

 Los lectores iberoamericanos deberían salir satisfechos  por el papel de algunas películas proyectadas en Sitges. Encontramos a la inclasificable “Juan de los muertos”, de Alejandro Brugués, producción cubana que acerca el cine de los zombies a la isla de Cuba. Toda una comedia que mezcla el terror y la crítica social, a través del protagonista, un hombre que sabe sacar partido de una inminente plaga zombie que asola la capital. Para ello, monta un pequeño negocio que lleva como slogan “mate a sus seres queridos”.

 Más interesantes resultaban las coproducciones argentinas, “La mujer del eternauta” y “El páramo”. Sin ser un título propio del cine fantástico, la primera era “una historia de fantasmas”, según palabras de su director Adán Aliaga. Un documental que nos hace regresar a los años de la dictadura, a través de Elsa Sáenz de Oesterheld, viuda del escritor Héctor de Oesterheld, guionista de un conocido cómic argentino “El eternauta”, de contenido político. La película que cierra está selección “El páramo”, es una de las más atractivas del festival. Del director Jaime Osorio Márquez, llega este definitivo filme de horror bélico, descarnado y paranoico. En la historia, un comando se ve obligado a refugiarse en una base abandonada, tras ser atacado por una misteriosa presencia y su envolvente atmósfera de terror.

 Grindhouse y otras rarezas del festival.

 A la medianoche en Sitges uno podía elegir la posibilidad de irse a dormir o asistir a fuertes dosis de hemoglobina, con el terror más gore y sangriento del festival.

 En esta sección, destacan las sesiones dobles de los cines de barrio setenteros, con un público que iba a consumir unas películas en donde la violencia, el sexo y el sadismo tenían un gran protagonismo. A ese tipo de cine se le llamó, Grindhouse, literalmente “casa de chillidos”, y recientemente Quentin Tarantino y Robert Rodríguez les hicieron un homenaje. Basándose en uno de sus falsos tráiler, la producción canadiense de Jason Eisener, “Hobo with a shotgun”, es un largometraje al estilo “Machete”. El actor holandés Rutger Hauer es la estrella de la función, un vagabundo que se arma con una escopeta para hacer justicia en una ciudad dominaba por unos indeseables. Será una película difícil de ver para el público no acostumbrado al cine del Grindhouse, con dosis de un humor negro, negrísimo, y momentos de puro gore, en donde muchos aficionados encontrarán similitudes con el mítico Vengador Tóxico. El directo planta al espectador cara a cara con situaciones de difícil solución moral, mientras que presenta la justicia no como una forma de resolver un dilema interno, sino como una vía para poder sobrevivir en un mundo violento.

 Enlazando con este filme, Sitges continuaba con la proyección de “The victim”, otro filme de estética setentera. Lo más singular de esta película es el regreso de uno de los actores fetiches de James Cameron, Michael Biehm, quien repite con “The divide”. El festival dedicó una retrospectiva del actor, con algunas de sus mejores películas enmarcadas en la ciencia-ficción del director canadiense (Terminator, Alien 2, Abbys). “The victim”, dirigida y protagonizada por el propia actor, es un thriller adrenalínico de policías corruptos y chicas malas que complicarán la vida de un misántropo con la cara d Biehn.

 Otras de las rarezas de Sigtes’11, serían algunos títulos pensados para el formato festival o para un estreno limitado en salas. Destacamos la parodia de ciencia ficción “Attack the block”, de Joe Cornish, sobre una invasión alígena que es derrotada por unos pandilleros urbanos, y “The Troll Hunters”, producción noruega que ha arrasado en su país y que con un estilo de los inicios de Sam Raimi, plantea la existencia de los Trolls. Pero si tuviera que quedarme con un título, señalaría la israelí “Rabies”, codirigida por Aharon Keshale y Navot Papushado. Más allá de su argumento, puro cine slasher, encontramos la curiosidad en el hecho de ser la primera producción de terror de Israel. Una pareja de alemanes son perseguidos por un bosque por un sanguinario asesino, en una fresca y canalla visión del género. 

 Despedida.

 Lamentando no haber podido asistir a todo el festival, nos han quedado en el tintero algunas de las producciones más interesantes. Entre ellas, nos faltaría descubrir el remake del clásico de John Carpenter, “The thing”, película con la que se clausura Sitges’11.  Sin embargo, nos hemos quedado con un buen sabor de boca, ante la diversidad de la programación dentro de las secciones oficiales.  Esperamos que haya resultado interesante este pequeño repaso de lo que ha dado de sí un festival con una selección de títulos inabarcables.