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 El ser humano necesita conocer, comprender, para enfrentarse al miedo que le provoca su propia existencia. Necesita ordenarlo todo y una de las ventanas para encontrar esa explicación son precisamente las matemáticas. Este argumento se ha mezclado en demasiadas ocaiones, como una idea propia del thriller, al implicar el sentido de la vida con el descubrimiento de un complejo código.

- 5117, no es increíble.

- ¿El qué?

- Todo es 23.

La numerología y las matemáticas han producido títulos de cierta relevancia, más allá de las historias enrevesadas de algunos guionistas como aquella de Joel Shumaher, titulada Número 23. Las aportaciones que los matemáticos tuvieron en la Segunda Guerra Mundial y en la posterior Guerra Fría, -para desentrañar las claves nazis y soviéticas-, aparecen en filmes como Enigma y la excesivamente laureada Una mente prodigiosa. Un interés por las matemáticas que a veces lleva la locura. Locura y ciencia estaban íntimamente relacionadas en la vida del matemático, John Nash, un premio Nóbel que se pasó media vida luchando por las matemáticas y la otra, contra la esquizofrenia.

En la mayoría de los casos estos experimentos son de usar y tirar, y muchos de ellos ni quisieran entretienen o sirven para echar el rato. Sin embargo, hay propuestas excepcionales que comienzan a ubicar la acción en espacios tan matemáticos y definidos como un conjunto de cubos, unidos por diferentes puertas, algunos de ellos con trampas mortales, en donde los protagonistas intentan sobrevivir el máximo tiempo posible. Pero para ello tendrán que elegir el camino apropiado.

- Si se traza una curva que une los rectángulos concéntricos, se consigue la mítica espiral áurea. Pitágoras adoraba esa forma que está en toda la naturaleza.

De forma tangencial, las matemáticas son las claves para resolver un misterio en el caso de Medium o para sobrevivir en Cube. De hecho, esta poco convencional e inteligente película era una especie de metáfora de la vida.

- Números primos, ¿cómo no pude darme cuenta de esto antes?

- ¿Cuenta de qué?

- Por lo visto, si algunos de los números son primos, el habitáculo tiene trampas.

Mucho más innovadora y formal es Pi, de Darren Aronovski, en cuya película, -rodada en blanco y negro-, se trasmite la imposibilidad de formular matemáticamente el caos que reina en el universo como la excusa perfecta para retratar a un ser torturado por la ausencia de respuestas para las preguntas trascendentales de la existencia humana.

- Una, las matemáticas son el lenguaje por excelencia de la naturaleza. Dos, todo lo que nos rodea se puede entender e interpretar mediante números.

A través de las matemáticas, la ciencia y el estudio de los valores numéricos que contiene la Toràh y sus significados, Aronofski mostraba como nadie había presentado antes, un universo desconocido para muchos, en el que se limitaba a moverse como pez en el agua para conseguir resultados de una gran profundidad intelectual. El joven director norteamericano realizó una película con un significado religioso y humano más hondo de lo que pueda parecer a primera vista. Y su acierto fue hacer de Pi un film que gustase tanto a creyentes como ateos, porque nos libera de las ataduras conceptuales de la simbología.

- Antiguamente se utilizaba el hebreo como sistema numérico, cada letra es un número. En hebreo la “a”, la aleph, es 1, la “b”, beth, 2, ¿lo entiendes? Pero hay más. Todo está relacionado. Por ejemplo, “padre” es aleph y beth, es 1 y 2, que da 3. ¿Lo ves? Y, ahora “madre”, es aleph y menth, 1 y 40, 41. 41 más 3, 44. Pues mira, la palabra “hijo”, madre-padre-hijo, es 10 y 34, que da 44.

Igualmente, es un título que ha descrito la obsesión de la búsqueda de la verdad, a través de las matemáticas, para alejarse del miedo existencial. Pi reflejaba la percepción ante el callejón sin salida en el que se adentra el personaje principal, al intentar comprenderlo todo. De este modo, el cine ha representado con desigual resultado la incapacidad para adaptarse al mundo en que vivimos de los superdotados, aquellos que son capaces de descifrar en segundos complejos problemas matemáticos y, sin embargo, se mueven con desacierto en el plano de la vida humana. En este punto cabe destacar el trabajo que realizó Gus van Sant, en El indomable Will Hunting, con guión de Matt Damon y Ben Afleck, con el que ambos consiguieron un Oscar.

- Eres un genio, Will, eso nadie lo niega. Nadie puede comprender lo que te pasa por tu interior, en cambio presumes saber todo de mi porque vistes un cuadro que pinté y rajaste mi puta vida, de arriba a abajo.

Las matemáticas se han caracterizado por un gran dominio en los números, dotar a alguien de una sorprendente inteligencia, pero sobre todo como parte de un lenguaje abstracto que gusta de llenar, de una forma ininteligible, las pizarras. 

                      

    

El último juego que ha dado el cine con respecto a las matemáticas, lo ha hecho con las herramientas de un género ideal para mentes inquietas: la lógica-ficción de Los crímenes de Oxford (Alex de la Iglesia). Los que disfrutaron con Gödel, Escher, Bach: un eterno y grácil bucle, de Douglas Hosfttander, lo harán con Sheldon, el personaje interpretado por John Hurt. Por una parte, los teoremas de incompletitud de Gödel (en un sistema, siempre es posible dar con una afirmación no demostrable dentro del mismo sistema); y por otra, el principio de indeterminación de Heinderberg (es imposible determinar con exactitud la posición y el movimiento a la vez de una partícula); y en medio, Ludwing Wittgenstein (al que, por supuesto siempre se le cita la misma frase del Tratactus logico-philophicus: "de lo que no se puede hablar...").

- Si conseguimos descubrir el sentido secreto de los números conseguiremos descubrir el sentido secreto de la realidad.