- ¡Una daga, una daga!
- Es natural, todos tenemos una. Estamos en el año 1183 y somos unos bárbaros.

El león en invierno. Anthony Harvey.

Se trata de un héroe universal cuyo origen no está en las viñetas de un cómic o en los videojuegos, sino un personaje rescatado de la tradición oral inglesa. Aunque los relatos de Robin Hood se remontan al siglo VIII, la imagen que seguramente tuviese todo hijo de vecino parte del siglo XVI. Los primeros poemas hablaban de un tal Robin el Decapitador, un tipo embaucador que vivía en el bosque y se dedicaba a cortar la cabeza de la gente que se cruzaba con él. Fue en el siglo XVI cuando se le situó en la época del mítico Corazón de León, como mayor defensor de los desfavorecidos. En esta línea, Walter Scott lo identificó con el sajón de Loxley en su novela Ivanhoe. Suficientemente conocido por la literatura, tendría que esperar al siglo XX para que ese medio, conocido como cine, lo hiciese universal. De las primeras versiones mudas, sólo quedaría la interpretada por Douglas Fairbacks, cuyo vestuario establecería el arquetipo.

- Bienvenida a Sherwood, milady.

La más clásica de todas ellas fue Robin de los bosques (Michael Curtiz), con Errol Flynn y Olivia de Haviland en los papeles principales. Sin embargo, se trataba de todo un reparto, lleno de conocidos actores de la talla como Basil Rathbone, Claude Rains o Melville Cooper. Con el permiso de Sean Connery y Audrey Herburt, son estos el Robin Hood y la Lady Marian en la memoria de todo cinéfilo.

                           


 Aprovechando el éxito cosechado por la Universal, la Hammer quiso para sí parte del filón y rodó una película sobre el personaje. En esta, Peter Cushing ponía rostro al Príncipe Juan y Robert Tayler se había aprendido de memoria los gestos de Errolt Flint. Desde entonces, habría versiones tan distintas en el que cada intérprete imprimía un rasgo propio a unos personajes tan universales como cambiantes. La más destacada fue una versión apócrifa, a cargo de Jaques Tournert, El halcón y la flecha, en donde Burt Lancaster interpretaba a un arquero de nombre Dardo.

- El que tiene verdaderos amigos, nunca morirá.

Pero encontramos rarezas tan variopintas como una adaptación en formato de serie televisiva, de los años cincuenta, con Richard Greene a la cabeza del reparto. O una versión animada, en la que Disney convertía al personaje en un zorro muy sagaz. Robin Hood ya era una de esas figuras legendarias sobradamente conocidas como para aparecer en todo tipo de registros. Desde productos televisivos a clásicos cinematográficos, han puesto la mirada en este personaje que representa al buen ladrón que ayuda a los pobres. Así, lo citaba Billy Wilder en Bandeja de plata.

- Quisiera que me contestaras a una cosa, ¿quién es Robin Hood?
- Es inglés, me parece. Llevaba calzoncillos verdes largos y hacía sus operaciones en el bosque.

E incluso fue carne de cañón de alguna que otra parodia poco afortunada: En su irreverente estilo, Mel Brooks hizo su propia lectura en Las locas, locas aventuras de Robin Hood. O aparecía en esa disparatada aventura infantil llamada Los héroes del tiempo (Terry William):

- Ese hombre es un tipo peligroso, un desequilibrado diría yo: Da a los demás, lo que no es suyo.
- Es uno de mis héroes.
- ¡Héroes, héroes! Los héroes no dan ni golpe.

En la década de los noventas, dos versiones compitieron en la gran pantalla. Ya casi nadie recuerda la de John Irving, con Uma Thurman como Lady Marian, mientras que Kevin Reynolds dirigió la más popular de todas las películas, tras el clásico de Errol Flint. Robin Hood, el príncipe de los ladrones fue como se tituló y la pareja protagonista, Kevin Costner y Mary E. Mastrantonio, resultaba de lo más insustancial. A pesar de ello, destacaron dos de sus secundarios: Alan Rickman, como el sheriff de Nottingham, y un sarraceno con el rostro de Morgan Freeman.

- ¿Cómo pudieron tus incultos contemporáneos conquistar Jerusalén?
 
                          
 
Al final, aparecía un glorioso Rey Ricardo (Sean Connery) dispuesto a reponer la justicia en Inglaterra. El actor escocés ya se había acercado a la iconografía de este personaje en un clásico por derecho, Robin y Marian (Richard Lester).

Un consternado Robin Hood, en busca de su retiro, se reencontraba con una madura Lady Marian, la elegancia de la madurez de Audrey Herburt. Lo más interesante, sin embargo, fue la desmitificación en torno al llamado Corazón de León.

- Cuando acabó con todos, tres mil cuerpos en la ladera, y ordenó que no se abrieran pues si en su interior se escondían piedras preciosas y gemas.
- ¿Porqué no te volviste, entonces?
- El era mi rey.

Esta misma visión aparecería en otras ocasiones. En El león en invierno, un joven Ricardo arrebataba a su pusilámine hermano Juan, el trono de su padre Enrique II; e incluso se insinuaba en ese gran clásico de Michael Curtiz:

- ¿Acusáis, pues al príncipe Juan?
- No, acuso a Ricardo, cuyo deber estaba aquí, para ayudar a su pueblo, en vez de luchar en tierras lejanas.

Y tampoco salía muy bien parado en la última de las versiones del personaje, una a cargo de Ridley Scott y con el rostro de su actor fetiche; cierto es que puede recordar demasiado a las peripecias del héroe romano Gladiator, para terminar constatando cómo la posmodernidad sigue recuperando a sus héroes universales e iconos de nuestra cultura.

- Las leyes de estas tierras someten a su pueblo, a su rey.