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- Siempre se termina hablando de política.

Él mismo.

Costa-Gavras es un ejemplo de cineasta concienciado, capaz de tocar en el mismo Hollywood temas como la dictadura de Pinochet (Desaparecido) o la complicidad del Vaticano en el Holocausto (Amén). Revisando la filmografía del primer cineasta que vamos a referirnos, el griego Costa-Gavras, podemos establecer en grandes rasgos su etapa cinematográfica que ilustra de manera brillante la política de los últimos 50 años. Se trata de un cine de denuncia que se ha ido adaptando a los tiempos que corren. Sin embargo, el grueso de su filmografía tiene algunos puntos comunes, uno sobre todo: sus películas pretenden denunciar los totalitarismos de todo signo, combatir las dictaduras y reivindicar las democracias, o como valor emblemático, los derechos humanos.

- En más de 3000 empresas norteamericanas defendemos un modo determinado de vida, el nuestro.
- Tal vez por eso no hay nadie afuera.

El filme, Missing, quizás el más desgarrador de su filmografía, presentaba a un padre coraje dispuesto a todo por encontrar a su hijo, perdido en el gran estupor del Chile de Pinochet.

- ¡Dios mío, le dieron tanto que no le soltarán hasta que esté en condiciones! No lo sé y no me importa. De veras no me importa, porque lo que está hecho, hecho está. Contacten con esa gente y díganle que me llevaré a mi hijo como esté. No armaré alboroto, no acudiré a la prensa. Redacté el documento que sea necesario y lo firmaré. Disculparé a cualquiera. Solo quiero llevarme a mi hijo. Es mi único hijo.


Frente a esto nos ha dejado algunas interesantes novedades, como desentrañar las raíces del totalitarismo camuflado en la apariencia de democracia. Algo que viene a confirmar una cita de Leonard Cohen, “todos tenemos que luchar contra el fascista que llevamos dentro”. En la actualidad el cine de Costa-Gavras, siempre interesante y controvertido, tiene a Francis Fujiyama en su punto de mira. Sus últimas películas se han marcado por una crítica más o menos velada hacia las imperfecciones de la democracia y occidente. A diferencia de sus primeras películas, inscritas dentro del género del thriller políticas, esta etapa se abre con filmes encuadradas en la ficción social. Aquí cobra protagonismo una lacra cada vez mayor en la sociedad: el problema del desempleo. En dos películas trata sobre este tema desde una espinosa postura, en ambas la violencia cobra protagonismo.

Si en Mad city, denunciaba la información blindada de los medios de comunicación y la del mundo empresarial, tras un suceso como el secuestro de unos niños en el Mueso Natural por un ex empleado; en Arcadia, se acercaba al tema, de candente actualidad, de la búsqueda de empleo tras un despido general camuflado en el eufemismo “reestructuración”.

-  Disfruté como nunca leyendo la información de mis competidores, descubrí que la ignorancia era abismal, la venalidad se ponía al servicio de los accionistas, no se daban cuenta que esos mismos accionistas eran el enemigo. Pensaban cerrar empresas, y todo para satisfacer la bestia voraz que siempre tenía la boca abierta.

 En su última película se centra en un fenómeno que el propio director conoce: la emigración.

En Edén, al Oeste, en las mismas aguas del Mar Egeo surcadas por Ulises en La Odisea, el joven Elías cruza varios países para introducirse ilegalmente en Europa.  Se abandona el artificioso aspecto turístico y emprende un viaje con ciertos peligros, asistiendo a una serie de encuentros fortuitos, que muestran tan diferentes actitudes ante el inmigrante ilegal. Da igual de dónde se proceda, sólo importa llegar a primer mundo, en busca de la Tierra Prometida.

- Pero, ¿qué haces aquí? Esfúmate.
- Tengo hambre.