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Antaño era el intérprete perfecto para esos tipos duros, cuando todavía no se había convertido en el auteur que es hoy y le criticaban precisamente por su excesivo carácter reaccionario –tildándole incluso de fascista- lo que en la actualidad hace de él, esa impronta que marca su personal estilo como director. Sobre todo porque durante más de quince años no ha hecho otra cosa que trasladar al celuloide el universo americano que había frecuentado como actor.  Pero nadie como Clint Eastwood simboliza el talento y el éxito del cine norteamericano. De hecho, pocos artistas gozan de un favor tan reconocido tanto de la crítica como del público.

Pese a sus bajos (Firefox) y sobre todo por sus altos (Mistic River), Eastwood es merecedor de todos nuestros respetos. Cincuenta años magnum en ristre, cabalgando hacia la puesta de sol y dirigiendo películas merecen un homenaje en condiciones. Su carrera, ya sea como actor o director, es tan extensa que vamos a abordarla desde varios puntos de vista.

Sus películas suelen explorar el mundo criminal y los territorios del melodrama, aunque casi todas ellas parten de elementos genéricos muy diversos. No es fácil encasillarlas en un género concreto, sino que comparten diferentes ideas, nos encontremos en el western o en el drama. Eastwood se ha enfrentado a historias, partiendo de ficciones inventadas por algún escritor o pasajes determinantes de la Historia como la batalla de Iwo-Jima. También suele tener en común el escenario de la ciudad como un lugar desquiciado y violento del que suele explorar ese estado de ánimo. Allí es donde Eastwood nos acerca un retrato del organigrama del poder (social, político, económico) para recurrir al enmascaramiento de la realidad y la supresión de las libertades. El director entiende la manipulación ejercida desde los más altos estamentos, como plantea en Poder absoluto o Banderas de nuestros padres.

A lo largo de su carrera no ha dejado de reflexionar sobre el sentido de la vida, con un gusto cariñoso por los perdedores. Uno de ellos, es Red, el cantautor itinerante de El aventurero de medianoche, que recorre todo tipo de tugurios con la guitarra a la espalda y en compañía de su sobrino, interpretado por su propio hijo Kyle Eastwood.

- Si estás peor, tío Red, tienes que ir al sanatorio una temporada.
- Ya estuve allí una vez, Horst, y juré no volver más.
- Se trata de tu vida.
- Cierto, así es muchacho, y quiero vivirla como me de la gana.

Los resortes de la vejez aparecen muy a menudo en su filmografía, sobre todo porque hablamos de un cineasta que no volverá a cumplir los setenta años y que aún se mantiene en activo y con un envidiable pulso. Lo marcó a fuego en toda una apología de la tercera edad que fue Cowboy space, hasta hacerse más evidente en sus últimas películas.

- Yo ya no me dedico a esto.

Bien interpretado por él mismo o por actores que saben reflejar esos mismas emociones repetidas en su carrera, la verdad es que no ha hecho otra cosa que repetir un mismo molde de personaje. Profesionales retirados, decepcionados por la vida, como sucede en su Ejecución inminente.

- Me importa un carajo Jesucristo y no me importa la justicia ni en este mundo ni en el otro.

A los jovencitos no les cae precisamente bien. Recordemos un diálogo de la película Gran Torino.

- ¿Le pasa algo conmigo, Sr. Kowaltsky?
- Mejor no se lo digo.
- Sí, dígamelo.
- Pues que pienso que eres un virgen de 27 años, sin experiencia en la vida, a quien le gusta coger a las viejecitas supersticiosas de la mano y prometerles la eternidad.

Eastwood pone cara a un veterano de la guerra de Corea que un día ve cómo su barrio se ve ocupado por la inmigración coreana. En realidad, el mensaje de su personaje es el de alguien que se ve fuera de lugar con respecto a la generación actual, sobre todo cuando debe asentarse en unos tiempos por los que no siente mucho respeto.

Sus personajes son también solitarios, desvinculados de la familia. Por ejemplo, lo encontramos en Poder Absoluto.

- Pensaba marcharme a un lugar con un clima más agradable. Pensé que sería conveniente hablarlo contigo, porque eres la única familia que tengo.
- Papá, tu no tienes familia.

Con un acercamiento muy particularidad a la espiritualidad, como hace en Más allá de la vida y en Million Dollar Baby.

- ¿Qué es lo que hoy te desconcierta?
- Lo de siempre, lo de un Dios que son tres dioses.
- Frankie, la gente suele entenderlo como algo propio de la fe.
- ¿Es como una mezcla de trigo, avena y pasas, metida en una gran caja?

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Y que incluso era capaz de crear una historia romántica como la de Los puentes de Madison

- Los hombres aún hacen eso, ¿verdad? No soy un anticuado, llevarles flores como muestra de agradecimiento.
- Claro, pero esas son venenosas.

Por último, no podríamos olvidar como clave fundamental del cineasta su gran aportación al llamado género Americano. Títulos como Bronco Billy, Un mundo perfecto o Million Dollar Baby, encarnan esa América profunda tan apreciada por Eastwood como lo es la música popular estadounidense, el country o el jazz, o el género cinematográfico americano por antonomasia, el western, uno de sus puntales en su carrera.