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- Hacéis muy mal en reíros, a mi caballo le molesta la gente que se ríe.

Por un puñado de dólares. Sergio Leone.

En esta ocasión, trataremos el recorrido de Eastwood antes de convertirse en el auteur que hoy fascina, a través de su género favorito, viendo las veces que ha transitado por él, el western.

Compartiendo los géneros, sus personajes han ido repitiendo sus gestos y caracteres hasta llegar a definirlos, desembocando en una repetición de una misma historia finalmente dramática y violenta.

- Usted mató a Charlie Peppers, ¿verdad? Y también mató a William Hardy y robó un tren en Missuri.
- Un momento… Anda, hijo, ve separando a esos cerdos.

Su Sin Perdón sería el gran colofón de un género visitado como actor y director, siendo el western el que marcó sus inicios y su carrera posterior. Sergio Leone lo puso al frente de la llamada Trilogía del dólar, definiendo al personaje que fuera a acompañar a Eastwood el resto de su filmografía: introvertido, solitario y violento. Personajes lacónicos hasta el paroxismo y una puesta de escena que le acompañaba al mismo ritmo. Ese Hombre sin nombre de Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el malo y el feo, sería el anticipo de todos esos Josey Wales, Jim Duncan o Will Munny, pero también de su personaje Harry Callahan.

Su primero de los cuatro westerns interpretados y dirigidos por él, no resulta tanto una prolongación de su etapa anterior como un primer puntal hacia su propia visión del género. Es un filme con un ambiente sórdido y onírico que podría clasificarse de “sobrenatural”, pues en esta -Infierno de cobardes- interpreta a un fantasma -El Forastero- que regresa del más allá para cumplir una venganza.

             

Más apreciada, El fuera de la ley, nos acerca a Josey Wales, un personaje que dista mucho de ser una persona agradable. Es un huraño que se pasa el día mascando tabaco y escupiendo, a cualquier sitio, incluida la chaqueta de un vendedor ambulante que pretende despacharle un elixir (“Pruebe usarlo como quitamanchas”, le dirá). En esta aparecen muchos de los elementos narrativos presentes en sus posteriores acercamientos al género. Como en Sin Perdón, el protagonista practica la puntería con su revólver, pensando en la venganza; o como en El jinete pálido, el filme arranca con una cabalgada de unos bandidos contra una pacífica comunidad.

- Si no nos ayuda, todos moriremos. Te lo ruego. Haz un milagro.

La aureola fantástica vuelve a estar presente en El jinete pálido: La joven Megan entierra a su perrito, muerto de un disparo, y reza una plegaria ante esa divinidad que resulta indiferente ante el sufrimiento humano. El rezo de la chica se alterna con un montaje, en paralelo, con la imagen del predicador cabalgando desde el horizonte.

En sus westerns, va dejando pistas de su estilo. Por ejemplo, crea atmósferas de crispación alrededor de sus personajes, siempre torturados y personificados casi como perdedores. En Infierno de cobardes, Jim Duncan recrea a modo de flashbacks la saña de los latigazos y la contemplación impasible por parte del pueblo. Pero la evolución de estos personajes va ligada a las dificultades que tienen que atravesar en sus historias.



También observamos en sus westerns, una preocupación por la puesta de escena, mezclando la iluminación con los paisajes naturales. Estos cobran un protagonismo dentro de la lectura dramática de la historia: los bosques, los cielos nubosos, el barro o la nieve de los pueblos. Junto a esto, vemos muchas secuencias oscuras, con interiores poco iluminados o los exteriores nocturnos, en los cuales sus personajes sacan a luz sus sentimientos más oscuros.

 Más allá de estos títulos, sería de justicia reseñar otras películas en donde el género se presenta de forma tangencial.  

- ¡Señoras y señores, ante ustedes, Bronco Billy!

El circo de Bronco Billy agrupa a una serie de soñadores que deciden lanzarse a recorrer América con un espectáculo del Salvaje Oeste. Una metáfora del propio Eastwood de interpretar y dirigir “películas de vaqueros”. De hecho, el filme aparece jalonado por momentos muy western. El carácter nómada del circo y sus problemas para ganar dinero, soportar la lluvia y el frío, nos recuerda a las caravanas de los pioneros; en el único momento de violencia, Billy impide un atraco a un banco, con sus viejos colts; e incluso intentan asaltar un tren a la vieja usanza.

En otras películas la referencia a este cine es menor, pero igualmente reconocible. Como actor, protagonizó un filme inusual a las órdenes de Don Siegel, la más extraña de las asociaciones con el director. Ambientada en la época del Oeste (La Guerra de Secesión), lo más interesante de El seductor es la historia de amor que surge mientras el personaje se recupera de sus heridas en un internado femenino.

- ¿Sabe, Edwina?, tengo la impresión de estar prisionera en un colegio de señoritas.
- Está en un colegio de señoritas y usted es un soldado enemigo.

Pero también encontramos referencias al género en otras películas suyas, en donde se haga menos evidente su presencia. En la historia de El aventurero de medianoche, James Steward interpreta a un anciano que evoca el mundo del Salvaje Oeste, sobre todo una referencia a la mítica carrera protagonizada por colonos, quienes se lanzaron frenéticamente a tomar posesión de las tierras de los cherokees.

Dejando aparte estas cuestiones, lo cierto es que el western ha sido uno de los géneros por dónde más ha transitado Eastwood y aquel que ha permitido crear su modelo de personaje ideal. Sería para el director, lo que fue en su momento el cine de suspense para Alfred Hitchcock o el de gánsters para Scorsese; sin la presencia de este género, seguramente hablaríamos de su filmografía de forma distinta.