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En este reportaje repasaremos las películas dirigidas por Clint Eastwood sin que apareciese como actor; personalmente algunos de sus mejores trabajos.

Su primer paréntesis en la filmografía de Eastwood supuso una de sus películas menos recordadas, Primavera en otoño, incursión en el género melodramático al que no volvería hasta Los puentes de Madison. Incomprendida y con poco éxito en su momento aprovechó el tirón de otras producciones que sí contaron con mayor éxito, por ejemplo, Love Story.

- Te molesta mucho si yo te amo.

Una digresión sobre la sexualidad, no con un joven y seductor como protagonista, sino un maduro y desengañado del amor, de vuelta de todo, William Holden, enamorado de una hippie menor de edad. “Con un poco de suerte, duraremos un año”, le dice él; “’¡Un año!”, replica alegre la chica, Breezy (brisa), para quien ese año es mucho tiempo.

El principal escollo que encuentra esta pareja (como sucederá también a los amantes de Los puentes de Madison), serán las convenciones sociales, que ven a él como un “viejo verde” y a ella, como una “putilla” de las que se acuesta con todo el mundo. En una de las mejores escenas de la película, el hombre es echado de casa por culpa de esas mismas convenciones sociales, por ser un viejo acabado sin derecho a amar. Vemos una influencia de Breve encuentro (David Lean), en la idea de la rutina como corruptora de los sentimientos.

La siguiente dirección de Eastwood, sin que apareciese como actor, era Bird. Su primera gran obra maestra, aquella que permitió a la crítica empezarle a ver como el cineasta que tantos apegos está creando, por los mismos que antes le criticaban como actor. Así eran las cosas.

Nos presenta la vida del famoso saxofonista Charlie Parker, sin las convenciones del género del biopic. Aparte de su soberbia carrera musical, a Eastwood le interesan más las sombras de su vida, abundando en este sentido los ambientes en los que se movía, como si se tratasen de recuerdos distorsionados por el efecto de las drogas, a las que se aficionó.

- ¿Cuándo fue la última vez que se desmayó, señor Parker?
- No lo sé, ya hace tiempo.
- ¿Bebe mucho?
- ¡Oh!, algunas veces bebo un jerez antes de cenar.

Luego encontramos otros títulos interesantes, como  Medianoche en el jardín del bien y del mal, un largo título con el que el director adaptaba una novela de John Berdett. Es el retrato de una exótica ciudad sureña, sus peculiares personajes y un crimen; basado a su vez en un hecho real. John Cusak, Kevin Spacey y un joven Jude Law encabezaban el reparto.

Con Mistic River nos acercamos a Boston para una historia torturada sobre otro autor norteamericano contemporáneo. El filme nos cuenta el descenso a los infiernos de una serie de personajes, al aparecer una joven asesinada.

- Es ese el coche de mi hija.
- Lo sé, lo sé.
- Es el coche de mi hija, hay sangre en el interior y habéis traído a vuestros jodidos perros. ¿Por qué estáis aquí? ¿Estás buscando a mi hija, John?
- Estamos buscando, Jimmy. Por ahora, sólo ha desaparecido.

Eastwood volverá a enfrentarnos con el dolor de la pérdida de un ser querida en otras ocasiones. Destacamos en este sentido, los personajes de Más allá de la vida (el pequeño que pierde a su hermano gemelo) y al hijo desaparecido de Christine (Angelina Jolie) en El intercambio.



Nunca había dado tanta manipulación sentimental que llega empachar el efectismo emocional. Más incluso que en Millian Dollar Baby, pues la mostrenca familia de Maggie Fitzgerald –el personaje principal que se enfunda los guantes de boxeo- parece sobria en comparación con las caricaturas misóginas que atormentan a esta madre coraje de turno, casi salida de la pluma de un inspirado guionista de telefilme.

- Ese no es mi hijo.
- ¿Qué? ¿Qué está diciendo?
- Que no es mi hijo.

No podíamos olvidar ese monumental fresco épico sobre la batalla de Iwo-Jima, contado en dos películas, sobre ambos bandos del frente, algo nunca visto, y que ofrece interesantes perspectivas. En la primera de ellas, Banderas de nuestros padres, Clint Eastwood, se centraba más en la propaganda, tan necesaria en el mundo de hoy -esté o no en guerra- analizando esa famosa foto de los soldados americanos izando la bandera. Por su parte, Cartas desde Iwo-Jima, desvela la tragedia vivida por los japoneses con una solemnidad y precisión sobrecogedora. El visionado de ambas películas consigue transmitir el efecto perseguido por su director, hablarnos de la inutilidad de la guerra, en la que miles de jóvenes murieron sin la oportunidad de vivir una vida.

- Soy el amo de mi destino, el capitán de mi alma.

Su último alter ego lo representa Matt Damon, protagonizando dos películas interesantes dentro de su filmografía. Clint Eastwood se aproxima en Invictus a la legendaria figura de Mandela, a través del deporte del rugby. El cineasta, que había abordado el tema de la venganza desde todas las perspectivas posibles, trata en el filme la reconciliación.

- La reconciliación comienza aquí.
- ¿La reconciliación, señor?
- Sí, reconciliación, Jason.
- Jamás, señor Presidente. Hace poco esos hombres querían matar a los nuestros. Quizás esos hombres que están en el despacho, lo intentaron y lo lograron.
- Sí, lo sé. El perdón también empieza aquí.

La película que cierra su filmografía, hasta la fecha, es otra de las que dirige sin que personalmente aparezca como actor. Más allá de la vida nos acerca a uno de nuestros tabúes dentro del mundo occidental, cómo afrontar la muerte. Temática no carente de controversia, al tratarse de un aspecto poco madurado en el cine, del que quizás se hubiera exigido una mayor concreción por parte del director, quien no toma partido en sus conclusiones. El filme, sin ser redondo, es un buen ejemplo de película clásica, muy bien rodada, de las que Eastwood nos tiene acostumbrado.