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- ¿Qué nos jugamos?
- El pellejo.

De una forma u otra, la muerte está íntimamente relacionada con su filmografía, madurándose en relación con su carrera como director pero con una gran presencia en sus películas como actor. Así aparecía como un recurso más del espectáculo, que permitía dinamizar las historias que protagonizaba, cuando era el intérprete perfecto para un tipo de rol, violento, solitario y macarra.

En esos personajes, la vida o la muerte dependían de manos delincuentes, pero pronto dejaba de ser el motor para presentar una reflexión que daba vida a esa violencia: la venganza. La muerte que aparecía en sus propios westerns estaba animaba por esa emoción, que permitía relacionar la violencia con las sombras, siempre grises, de su pasado. La mejor reflexión, en este sentido, la recogía Eastwood en su Sin perdón, presentándola como algo doloroso no sólo para quien la sufre, sino como una indeleble huella para quien la perpetra.

- Matar a alguien siempre es muy duro, le quitas todo lo que tiene y todo lo que podría tener.

Curiosamente, cuando la muerte no es el fin - en sí mismo- de la película, esta aparece con un dramatismo que resultaría inusual en sus primeros compases. Así sucede en Cazador blanco, corazón negro (cuando uno de los muchachos aborígenes es aplastado por un elefante) y sobre todo en su magnífica Mistic River.

- ¿Es mi hija, es mi hija, John? ¿Está mi hija ahí?



Pocas veces, la pérdida de un ser querido se ha reflejado de forma tan contundente y con tanto dramatismo. De hecho, toda la historia y sus personajes se ven influidos por este hecho.
 
- Haced lo que tengáis que hacer para ser felices en esta vida, hay tanta belleza.

También la muerte está presente en uno de sus filmes menos convencionales, Los puentes de Madison, pues la película arranca con la reunión de dos hermanos a la muerte de su madre, Francesca Johnson, con su expresa petición de ser incinerada para que sus restos se esparzan sobre el escenario de una pasión oculta. Película que empieza a mostrarnos un interés de Eastwood por la espiritualidad, acentuada en sus últimos trabajos, pero sin ningún tipo de observación religiosa. Por citar un título, en El jinete pálido, recoge lo más próximo a un ser superior de casi toda su filmografía, aunque lo hace desde una interpretación legendaria.

- Si no nos ayuda, todos moriremos. Te lo ruego. Haz un milagro.

Hasta tal punto que no cree mucho en Dios y menos en sus ministros. De forma dramática, lo expone en Million Dollar Baby.

- Debes apartarte, Frankie, para que quede en manos de Dios.
- ¡Me está pidiendo ayuda a mí, no a Dios!

El filme, sobre una joven boxeadora que sufre una tremenda agresión en el ring, busca una respuesta humanista en este duro proceso hacia la muerte. Se aleja del tema religioso por reflexionar sobre uno de sus más importantes tabúes, la eutanasia, presentado en la película como parte de una libertad encorsetada por un destino impuesto.               

                       million dollar baby

                         

Más allá de la vida, su última gran incursión a esta misma temática recoge cómo el consumismo, el laicismo y otros valores propios de la modernidad nos apartan de la espiritualidad, sin llegar a dar una respuesta clara y convincente sobre el tema. 

- Siendo científica y atea, mi mente estaba cerrada a tales cosas.