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- He defraudado al pueblo americano. Y tendré que llevar esa carga el resto de mi vida.

Richard Nixon a David Frost.

Como todo en esta vida, los hay más o menos voluntariosos, triunfadores y fracasados, convertidos en mitos o caídos en desgracias. Richard Milhaus Nixon forma parte de los Presidentes de los Estados Unidos que podría encajar en la última categoría, todo un personaje gris que ha mantenido (y mantiene) no pocas antipatías. En uno de esos momentos transcedentales, se le vio sudar en una serie de programas televisivos que le forzaron a confesarse sobre su actitud ante el caso Watergate.

El cine recogió ese momento, de la mano de Ron Howard, quien adapta una conocida puesta teatral ambienta en la serie de entrevistas que realizó el periodista David Frost al presidente Nixon. Y no es lo habitual, pero los mismos actores que lo representaron en el escenario repiten personajes en la gran pantalla. No es la primera vez que vemos a un presidente de los Estados Unidos en el cine, pero tener al hombre más poderoso del mundo como personaje siempre es estimulante.

- Quería mantener a Nixon el juicio que nunca tuvo. Sin duda le haremos preguntas difíciles.

El escándalo político parece no tener fechas de caducidad, al  menos, es lo que provocan las intensas imágenes de El desafío: Frost contra Nixon, la nueva película de Ron Howard, que reproduce con minuciosidad unas entrevistas históricas en las que el ex presidente Richard Nixon pronunció en voz alta algo parecido a un reconocimiento de culpa sobre el suceso de espionaje conocido como Watergate.

   


- Oiga cuando se es presidente, en ocasioners uno tiene que hacer muchas cosas y no siemrpe son, en el estricto sentido de la palabra, legales pero son necesarias por que redundan en el interés general de la nación.

- Espere un momento, haber si lo he entendido bien. ¿Está usted diciendo que, en ciertas situaciones, el Presidente puede decidir que algo es conviente a la nación para entonces hacer algo ilegal?

- Lo que quiero decir es que si el Presidente lo hace es porque no es ilegal.

Escribía la revista Times, en 1977: “Por primera vez, Nixon se enfrenta a un inquisidor con mucho tiempo por delante y sin restricciones con respecto a lo que puede preguntar. El público, que ya podría haberse hartado de Nixon, no puede negar su fascinación con el hombre que se convirtió en el antihéroe americano por excelencia, y todavía sigue siendo”. Nixon, el 37º Presidente, se vio obligado a dimitir, pero Tricky Dicky (el apodo con el que le conocían, Dick el Tramposo), había evitado comparecer ante la justicia y prefirió tener una entrevista para la televisión, en la que aflorase los puntos flacos de su gobierno.

- ¿Va a usted aceptar que formó parte de alguna trama de espionaje y que inflingió la ley?

David Frost se trataba de un periodista inglés de segunda fila, (como si María Patiño decidiera entrevistar a Rodríguez Zapatero, para ponerle los puntos sobre las íes), un showman que presentaba un inexplicablemente popular concurso en el que se tenía que adivinar la casa de un famoso. El programa se llamaba Through the keyhole y era todo un éxito en el Reino Unido. Mientras que Frost esperaba triunfar en EEUU, Nixon veía en esa entrevista su oportunidad para poder rehabilitarse ante el pueblo americano y la clase política.

Los primeros compases iban como se esperaba (Nixon pensó –y quizás tuviera razón- que aquel periodista no sabría arrinconarle) y el ex presidente lograba incluso realzar su reputación. Times escribía: “Nixon muestra su mejor lado en los programas que se ocupan de la parte de su presidencia en la que su legado es más positivo: la política exterior”. Pero no sólo convencía a los redactores del Times, la película cuenta el comentario de un técnico de grabación que se haría célebre: “Si sigue hablando así, puede que le vote”.

                                

                            
Pero como apuntó el Times: “Bajo la artillería Frost, se derrumban las defensas de Nixon, en torno al Watergate”. El programa en torno al caso Watergate, dio sus resultados: “Se obró mal, ya fuera delito o no. Y sí, puede que haya sido delito. Se abusó del poder presidencial. El juramento del cargo no se respetó. El pueblo americano ha sufrido dos años de agonía. Necesitan oírlo. Creo que, a menos que no lo diga, le perseguirá durante el resto de su vida”.

- Ya no tendrán más a Richard Nixon para patearle el culo.

Desde esa gran interpretación de Nixon, a cargo de Anthony Hopkimgs –en el filme de Oliver Stone- hasta el filme del reportaje, Richard Nixon ha sido uno de los presidentes con mayor pedigrí de perdedor. Personaje, incluso encubierto, en numerosas películas. Alan J. Pakula, uno de los especialista del cine de conspiraciones (El informe pelícano), relataba en la gran pantalla, las presiones a la que se vieron dos míticos periodistas norteamericanos, Woodward y Berstein (encarnados por Dustin Hoffman y Robert Redfort) en su intento por aclarar una de las intrigas políticas más interesantes de los Estados Unidos, el caso Watergate.

- Tiene que tener en cuenta lo que dijo uno de sus empleados, el señor Howardhands.
- ¿Qué clase de información?
- Se trata de encajar en su personalidad. Sabemos por ejemplo que trabaja o trabajaba como escritor. Dicen que es un novelista y parece que ha estado en la oficina del señor Colbson, en la Casa Blanca.

Hubo un tiempo en el que la televisión era algo más que un electrodoméstico del hogar, o al menos eso creía los que la hacían. En los tiempos de David Frost, se creía incluso que tenía sentido eso de las 5 W. Lo mejor de la película es que contesta a esas preguntas, jugando con la duda, con una buena lección de teatro que recupera este pie de página de la historia con un duelo interpretativo muy intenso. Desde este sentido, todo correcto pero no hay que perder de vista que se trata de una película de Hollywood y que Ron Howard no es un director con demasiada garra. Perdemos la ocasión de ver el falso cinismo de La reina o el desvarío genial de Il Divo, para mostrarnos una postura complaciente que se parece más a Bobby que A todos los hombres del presidente. Pero Nixon no es Robert Kennedy, y Howard no tiene el suficiente punch para rescatar el espíritu de una época, sino la caballerosidad de uno de los más grandes mentirosos de la historia.