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- ¡Mira qué barriga y que mofletes! ¡Dale un abrazo a la mujer más formidable del mundo entero!

 En American Beauty y Revolucionary Road, Sam Mendes denunció la capacidad destructiva del individualismo hedonista; ahora vuelve a esa idea en Un lugar donde quedarse, aunque en clave de comedia. Estamos ante una película distinta en la filmografía de su director, en donde sus protagonistas sufrirán una crisis de pánico ante la reciente paternidad.

- Somos unos fracasados.

- ¿A qué te refieres?

- Tenemos 34 años.

- 33.

- Y ni si quiera tenemos para lo más básico. Tenemos una ventana de cartón.

Para Mendes, la honestidad personal y el hecho de sentirse a gusto consigo mismo, está íntimamente ligado al vínculo familiar. Padres e hijos, maridos y mujeres, forman parte de un mismo juego en donde las apariencias imponen sus reglas. Viendo su carrera cinematográfica y los personajes que aparecen en esta última película, se entiende que Sam Mendes sitúe la desintegración de la familia en los años cincuenta (Revolucionary Road), lo que se nota en los padres de él, que deciden marcharse un mes antes del nacimiento de su nieto.

 - Nos vamos en junio. Nos hemos decidido.

- ¿Os marcháis en junio? El bebé es para julio.

- A Amberes, la ciudad de la luz. Va a ser soberbio.

- Inútil, es la palabra.

- Creía que te alegrarías, pensábamos hacerlo desde hace quince años y ahora podemos hacerlo.

- ¿Os marcháis justo un mes antes de que nazca el bebé?

 Evidentemente la familia es el problema, los recuerdos, las ausencias, las culpas, los malos rollos; es una bomba de relojería que da mucho juego, porque todos nos vemos reflejados en él. Y Sam Mendes vuelve a la catarsis de una familia disfuncional. En American Beauty y Revolucionary Road, la luminosidad de esas zonas residenciales, contrastaba con el oscuro destino de sus personajes que cruzaban en él. Una suerte de cine social que nos muestra con contundencia una América, más que profunda, hundida. Eran las radiografías de familias desestructuradas, en donde los esfuerzos por conseguir el Sueño Americano había convertido sus vidas en pesadilla.  Sin embargo, en esta ocasión hay una luz al final del túnel.

 Un lugar donde quedarse es una propuesta fresca con la que reflexionar sobre la familia, con un estilo hiperrealista de esta pequeña gran película, que se emparenta con la filmografía del director como con otros filmes del cine indie: Lars, una chica de verdad Juno. Películas en donde sus protagonistas sorteaban toda clase de prejuicios, para salir adelante y sin perder su buen humor. En el caso del filme de Mendes, sus personajes deciden buscar el sitio al que quieren pertenecer, en una especie de road movie que les llevará a visitar las ciudades de los que consideran sus más allegados. Es aquí, donde descubrirán las decepciones, porque la frescura de estos personajes está años luz de las hipocresías que se encuentran por el camino.

 Sin actores conocidos en el reparto y con un presupuesto ridículo, en comparación de otras películas suyas, Sam Mendes destaca por su habilidad para saltar de un género a otro. Ya sea una comedia dramática, cine negro, acción, drama existencial o comedia independiente, el director sabe amoldarse a distintos formatos para terminar haciéndose las mismas preguntas: ¿Quién soy y que he hecho yo con mi vida? Desde Lester Burham de American Beauty, los marines de Jarhead, el matrimonio Willard de Revolucionary Road o la joven pareja de este filme, son personajes que se preguntan eso mismo y que resultan adultos a su pesar. En Un lugar donde quedarse, Mendes busca su particular paraíso y con esta expresión no nos referimos sólo a un lugar geográfico. Los jóvenes protagonistas buscan también un modelo de familia, una forma de vida que no terminan por encontrar.

- No queremos una opaire.

- ¿En serio? ¿Ni una comadrona?

- No, las comadronas son para aquellos maridos que están perdidos o no quieren involucrarse. Ese no es mi caso. Estoy deseando involucrarme en todo.

Por primera vez, en su breve pero interesante carrera, el norteamericano Sam Mendes nos retrata a una pareja feliz, una pareja cuyo Sueño Americano es estar juntos y formar una familia.

- Y si a uno de los dos le pasa algo.

- Lo único que podemos hacer es ser bueno con este bebé. Lo demás no lo podemos controlar.