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Conocido como spoof, es un género que parodia escenas de películas. A base de referencias cinéfilas y catódicas, destripan a todo aquel que se les ponga a tiro con un humor tan zafio como caníbal, que se retroalimenta del universo de Hollywood más casposo. En realidad, es una serie tediosa y casi interminable de chistes fáciles que sólo hallarán un cierto gustillo entre aquellos cinéfagos adolescentes, dispuestos a consumir cine que bebe de los residuos, algo tóxicos, de la cultura del blockbuster y que posee una intensa y burda broma para que todo aquel que con un mínimo de capacidad audiovisual retenga sus chistes.

 Las parodias son perversiones de una idea original, deformados por el humor zafio y recreaciones brutales, pero bien intencionadas. Lo más importante de una película de este estilo es que se dé el descaro suficiente para darle la vuelta a los códigos genéricos de los que parte. No importa que el original sea una obra maestra de Hicthcock y una muestra del cine lacrimógeno de multisala. El gag visual es la prueba de fuego que nos da la medida del nivel paródico, el plano debe ser una pequeña escena del teatro del absurdo, un escenario en donde el surrealismo y la vulgaridad tienen serias compatibilidades, en donde el gag sonoro funciona perfectamente al servicio de la zafiedad. Tal vez haya que adjudicarle a Mel Brooks el título de pionero de laparodia-pop, aunque desde el cine mudo encontramos ejemplos bastante significativos. Pero este subgénero -tal y como hoy lo conocemos -tiene en Brooks su punto de arranque, al construir una de las tendencias más coherentes del cine contemporáneo.

 No obstante, la fiebre por esta recreación burda y deformada de clásicos cinematográficos, de la realidad y otros productos de consumo, sin duda parte de ZAZ, el Trío de Ases en este subgénero tan particular. Con estas siglas se conoce a los hermanos Jerry y David Zucker y a Jim Abrahams. Juntos o separados, heredaron buena parte de la experiencia que ellos mismos pusieron en marcha con la troupe Kentucky Fried Theathre.

- Todo está normal, se lo aseguro.

- Las montañas, volamos hacia las montañas.

- No pasa nada en absoluto, tranquilícese.

Como parodia del cine de catástrofes y del clásico de los setenta, AeropuertoAterriza como puedas es el título inaugural de este pequeño grupo de realizadores como del spoof.

- ¡Quiero salir de aquí!

- Tranquilizase.

- No pasa nada, yo me ocupo de ella.

- ¡Quiero salir!

- Vuélvase a su asiento, cálmese, ¡Domínese, domínese!

Elegir pescado para cenar en un avión era el punto de inflexión de la historia: todos se intoxican, incluidos los pilotos, y un veterano de guerra se debe hacer cargo del avión. Sin duda, un mal día para dejar de oler pegamento.

- No se alarmen, ¿pero hay alguien que sepa pilotar un avión?

De por medio se sucedía su propia historia de amor, que relataba aquel piloto de guerra traumatizado a cualquiera que escuchase (para el oyente, era su último aliento de vida), con la escena del beso en De aquí a la eternidad o los bailoteos al estilo de Fiebre de sábado nocheAterriza como puedas es la obra cumbre del subgénero, formalmente todo lo que se hizo posteriormente es un eterno deja vù de esta cinta, una película que marcó las pautas que tuvo su esplendor en la década de los ochenta y los noventa. En realidad, este fue el estilo seguido en sus siguientes colaboraciones (Top secret, con Val Kilmer y su famosa escena en moto al ritmo de Steve McQueen en La Gran Evasión) o bien por separado (J. Abrahams inauguró otra de las sagas clásicas del sproof, Hot Shots!, con ese momento picacismo propio de 9 semanas y 1/2, sustituyendo el hielo por unos huevos con bacon).

Sin embargo, más popular sería otra saga creada por David Zucker, con el inigualable agente Drebin, el patoso teniente de policía interpretado por Leslie Nielsen: Aguárralo como puedas. Se repiten, no obstante, las mismas claves que en los filmes anteriores. Década de los ochenta que dieron rarezas peculiares como Cliente muerto no paga, mezcla de parodia con el corte y pega cinematográficos para hacer un homenaje a las películas de detectives del cine negro, en cuyo montaje final aparecían diversas secuencias clásicas de este género.

Pero la sociedad y los gustos cambiaban - y la manera de ver cine, también-; así que la moda del cine de terror permitió el boom de las parodias de este género a finales de los noventa, todo un fenómeno que trajo consigo una de tas técnicas argumentales más en boga en la actualidad: "todo vale por un buen chiste".

- Te cuento un secreto, veo a los muertos.

- ¿Los muertos en tumbas y ataúdes?

 Los hermanos Wayans crearon una popular saga, tomando como punto de partida el fenómeno Screams, en la que se reían de las películas actuales del género. Scary Movies, título de las cuatro entregas, supuso el contrapunto humorístico de películas como El silencio de los corderos, el cine de fantasmas japonés e incluso Los otros, de Amenábar.  Precisamente, los guionistas de Scary Movies son los que han producido Casi 300, retomando al esquema de los grandes éxitos de los ochenta, con una historia central - en este caso la de 300 - y multitud de referencias a otros títulos y concursos de televisión.  Ciertamente a muchos nos pareció tan paródico como poco fiel a la historia, el encuentro entre Leónidas (ese jefe de los espartanos a pecho descubierto y con capa) y Jerjes (un persa recién salido del Día de orgullo gay, en pleno carnavales de Tenerife) en 300, el filme que recreaba la famosa gesta llevada a cabo por un pequeño grupo de espartanos, contra un numeroso ejército persa, en el desfiladero de las Termópilas. Pero nos habíamos quedado corto en nuestra opinión porque los creadores de Casi 300 pensaron que la historia daba cabida a una parodia de hora y cuarto, construida con sketchs.

 Esta nueva comedia americana parece dispuesta a llevar al paroxismo la “idiocracia” de unos geniales cómicos como Búster Keaton, Charles Chaplin, los hermanos Marx o Jerry Lewis, para reflexionar sobre sus propios mecanismos genéricos. Es posible que si relegamos este género completo a los gags escatológicos pensados para el público adolescente, perdamos las cimas del spoof como otras farsas que presentan semejanzas con estas parodias cinematográficas. Me refiero a la genialidad de Ben Stiller en Thropic Hunter, las obras de los hermanos Farrelly, el delirio de Michael Gondry (Rebobine, por favor) o la memorable idiotez de los Coen en Quemar antes de leer. Benditos sean los idiotas.

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