- La leyenda habla de un anillo que daba a su portador la capacidad de esclavizar el mundo y ahora ha sido encontrado.

El concepto de héroe todavía nos sigue resultando fascinante y universal, aún cuando estemos decididos a proscribirlo de nuestro imaginario colectivo. El héroe se erige como imagen de nosotros mismos adoptando diferentes formas y apariencias, funcionando como paráfrasis de los problemas reales y en sus historias épicas suelen estar presente valores morales. Nos recuerda quiénes fuimos o en qué podemos convertirnos y al mismo tiempo, permite que el relato adopte, en nuestra imaginación, características humanas.

- Se forjó en las llamas del Destino.  

                    gimli

Pero el héroe épico de Tolkien no está revestido de las fuerzas sobrehumanas favorecidas por dioses, el autor creó una mitología en donde el héroe (o los distintos héroes) logran su prodigiosa fuerza, su valor ante el desánimo y su desprecio al peligro – a través de poderes mágicos o extraordinarios – de sí mismos. “La edad de los hombres”, lo llama, junto a simpáticos hombrecillos de mediano tamaño, los hobbits, e incluso con un sentido ecologista, en los Barbol, aquellos gigantescos árboles vivientes.

- El arma de nuestro enemigo es un regalo, usémoslo contra él.
- ¡No puedes empuñarlo!
- Ninguno de nosotros puede, debe ser destruido.

                   Personajes

Para encontrarnos con todo un relato-río, en la que surgen tramas paralelas y se desarrollan con una multitud de personajes; en un momento en que este gran espectáculo queda servido hasta la saciedad por los efectos digitales, la incontable masa de extras –multiplicados hasta el infinito gracias al ordenador-, las secuencias aéreas del paisaje que se eternizan con el apoyo de una melodiosa banda sonora y los grandes planos generales, ayudados por las grúas. La cámara que sube, baja, vuela, que nos lleva a las profundidades o que nos hace creíble lo increíble, como por ejemplo, representarnos al corpulento John R. Davies como el enano Gimli. En definitiva, una colosal superproducción con los esquemas hollywodienses al uso, un estilo que tiende a la fantasía, puro cine épico, que presupone la familiaridad de los personajes de la historia con algunos clichés propios del cine de aventuras: el maniqueísmo del relato; el inquebrantable amor de Aragorn con su amada Arwen, tan valiente y temeraria como él - cumpliendo a la perfección aquel viejo proverbio: “tras un gran hombre siempre hay una gran mujer”, el componente moral que se desprende de la historia (la amistad, la honradez, la valentía, el coraje). E incluso espectaculares escenas de batallas, que ocupan una parte significativa del metraje.

                           las_dos_torres_

                                     

“300 contra 10.00”, dice el elfo Légolas, evocando la valerosa defensa del paso de las Termópilas de los espartanos contra los persas. En esta ocasión se trata de un ejército de orcos, los Uruk-hai, que se acercan al abismo de Helm con la intención de acabar de una vez y para siempre con la raza humana. No es sencillo elegir una batalla entre las monumentales que configura Peter Jackson en esta trilogía, pero el combate sin esperanzas frente a una fuerza muy superior, es difícil de superar. La tensión antes de la batalla que muchos dan por perdida “No mostréis piedad, pues ninguno habréis de recibir”, señala Aragorn.

                        Frodo y Sam

Nos hemos acostumbrado a ver a seres mitológicos arropados con sentimientos humanos, seres fantásticos que pelean con niños armados con varitas mágicas y a niños que descubren mundos alternativos dentro de un ropero. Animales que hablan y paisajes extraordinarios que resultan ser escenarios de aventuras legendarias; mundos paralelos que coexisten con el nuestro.

                                        aragorn y arwen

 De hecho, las sagas de fantasías han proliferado como las arañas de Mordor, pero esta versión de los clásicos de J.R.R. Tolkien gobierna sobre ellas cual Anillo Único sobre las fuerzas del mal. Como señalaba uno de los personajes centrales (Gandalf, Ian McKellen): "Un anillo para gobernarlos a todos, un anillo para encontrarlos, un anillo para atraerlos a todos y atarlos en las tinieblas. Este es el Anillo Único". Por eso, adaptar El Señor de los Anillos haya sido un proyecto ambicionado por muchos (John Boorman fracasó en su intento, antes de su Excalibur, e incluso existe una versión animada de parte del relato), pero sería Peter Jackson quien se llevó el gato al agua. Muchos nos escandalizamos al enterarnos que el responsable de esta adaptación iba a ser un friki cuya primeras películas estaban dentro del terreno del cine gore. Pronto comprobamos el lado sentimental de este freak que supo convertir sus amados paisajes neozelandeses en toda una Tierra Media sobre la que desplegar legiones de elfos etéreos, orcos brutales y hobbits tragones. Por si eso fuera poco, Jackson contó con el hallazgo de Andy Serkins (Gollum), un actor con talento suficiente como para dotar de individualidad a un personaje digital y convertirlo en la figura más memorable saga.