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La segunda parte del género, desde 1939 al llamado western crepuscular, correspondiendo con los años sesenta.
 
El cine del oeste es el género preferido por aquellos que llevan un niño en su interior, por su condición de inconsciencia y acción que presenta sus filmes a partes iguales. Pero a partir de 1939 veremos un derroche de intenciones, lirismo y una mayor profundidad dramática, junto a los duelos, tiroteos y persecuciones, por supuesto.

 A finales de la década de los treinta el western entró en su etapa más clásica, con un cambio en las reglas de juego principalmente por las propias circunstancias sociopolíticas de Estados Unidos, del período de entreguerras y la Gran Depresión. De ahí que los anteriores rasgos identificativos como género, se transformasen en tono y registro. Entre los culpables de esta transformación del género habría que destacar como figura referencial a Jhon Ford. De hecho, La diligencia -filme que a su vez suponía un punto de inflexión en su propia filmografía- resultó ser un puente entre la anterior manera de presentar el western y las nuevas historias que hacían del jinete solitario su héroe por excelencia, un "centauro del desierto" condenado a la soledad y al abandono íntimo.



 Pero fue tal su innovación que llegó a atreverse con el propio William Shakespeare, como hizo en Pasión de los fuertes, con este monólogo sacado de Hamlet:

 - Ser o no ser, esa es la cuestión. Si es más noble para el alma soportar las flechas y pedradas de la áspera Fortuna o amar contra un mar de adversidades.

Además de establecer las bases que iban dirigiendo al género presentaba en sociedad al actor que sería el rey absoluto del cine del Oeste, John Wayne hasta El último pistolero (Don Siegel), en la que interpretaba a un viejo y sabio John Bernard Brooks, un as del revólver a punto de morir que busca con ahínco el lugar en el que desaparecer en paz. La diligencia abrió la veda con un John Wayne predestinado para convertirse en la imagen del género (aunque, curiosamente, Henry Fonda protagonizase más western que él), apartando la acción del campo abierto (aunque con una escena interesante de persecución y enfrentamiento con indios) al interior de una diligencia, en donde la psicología de sus personajes cobraban una importancia inusitada.

John Wayne no sólo no formaba un dúo irrepetible con el director, tanto como actor fetiche en este género americano como el mejor para interpretar al pistolero, al sheriff con estrella en la solapa y al arquetípico de este duro "centauro del desierto", a pesar de que era un actor con escasas dotes interpretativas y de limitados registros. En este sentido, encontramos a sus mejores personajes, Ringo Kid, de La diligencia; el taciturno Ethan de Centauros del desierto; Tom Doniphon, el silencioso pistolero que mataba a Lee Marvin en El hombre que mató a Liberty Wallace, por lo que respecta a Ford, y los personajes de la trilogía de Howard Hawks, Río Rojo, El Dorado y Río Bravo.

Howard Hawks era un tipo de lo más peculiar; decidió, por ejemplo, que no le gustaba el personaje de Bogart en Casablanca, porque no podía concebir a un personaje masculino ahogando las penas en alcohol por el amor perdido de una mujer. Para vengarse, le dio la vuelta a la historia en Tener y no tener. Algo similar sucedió más tarde. Consideró que era impensable, según su criterio por supuesto, que un sheriff como William Kane (Gary Cooper), en Sólo ante el peligro (Fred Zinneman), se rebajase a pedir ayuda a unos tipos que le negaban con alevosía, y así pues, rodó Río Bravo. Aquí el sheriff, John Clain (John Wayne) se enfrenta a unos pistoleros dispuestos a sacar a uno de la cárcel, pero no pide ayuda a nadie, aunque sí se ofrecen para ayudarle un borracho, Lee Marvin, y un viejo, Walter Brenan.
 
Ese arquetipo lo representaba un tipo duro del Lejano Oeste que vivía en soledad por vocación, presentado una características que identificaban al vaquero solitario incluso cuando el cine del western decaía en una etapa crepuscular: Meditabundos y parcos en palabras que en la soledad sobrevivían en medio de un mundo representado por la frontera, entre la civilización y el desierto, gracias a su carácter temerario y su excelente puntería con el revólver. Una observación que se podría hacer del western clásico es que la gran mayoría de los personajes llevaban armas, dando la impresión de que uno de los temas preferidos era la supervivencia. En realidad, como reflejo de ese mundo de la frontera que era el contexto de esa marcha hacia el Oeste de los estados Unidos. Lo que lleva a presentar a personajes que, en un principio, no tenían porque ir armados -como el rol del médico interpretado por Gary Cooper en El árbol del ahorcado (Delmert Davies)- aguardando el momento de ir a echar mano de su revólver. Hay un diálogo curioso en Jhonny Guitar, en este sentido, que podría recordarse a modo de anécdota; en la escena en la que regresa el personaje principal, interpretado por Sterling Hayden, a casa de su amada, Joan Cranwford y se encuentra en la calle a uno de los villanos de turno, Ernest Borguine:

- Jhonny, ¿por qué no llevas pistola?
- Porque soy el peor manejando el revólver al otro lado del río Pecos.

Convertido en género rentable y popular, el número de westerns aumentó de forma considerable a lo largo de esos años, lo que posibilitó que las estrellas de Hollywood participasen en algún titulo significativo. Spencer Tracy se dejó ver en Paso al noroeste (King Vidor) y Gregory Peck brilló en el clásico del mismo realizador, Duelo al Sol. Incluso el alemán Fritz Lang (Encubridora) sentó las bases de cómo un extranjero podía asumir la carga trágica del cine del Oeste.
 
En los años cuarenta decae el western, sobre todo porque el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial da primacía al cine bélico, pero acabado el conflicto se reanuda este genero tan genuinamente americano, en el contexto de la Guerra Fría, en un intento de realzar el nacionalismo en los años cincuenta, reivindicándose figuras de ese pasado como Billy el Niño o Wyatt Earp. Figuras mitificadas por el séptimo arte como por la literatura, por representar la idiosincrasia de su cultura y la visión más romántica y épica de su historia. El romance, el amor, con un sentido trágico, tendría en Nicholas Ray (Johnny Guittar) su principal referencia:

- Engáñame, dime que me has olvidado. Dime que estarías muerto, si yo estuviera muerto. Dime que aún me quieres como yo te quiero.

Es curioso cómo nuevamente fue John Ford el que dio un nuevo sentido del género que el mismo había forjado. Es cierto que también intervinieron otros cineastas fundamentales, como Delmer Davies (El árbol del ahorcado), pero Ford transgredió sus propias normas en una serie de filmes. Ya había resultado innovador su Sargento negro, el primer western protagonizado por un negro, Woody Strode, un hombre de honor que es falsamente acusado, junto con la fordiana idea de que el ejército es la casa del soldado, sobre todo si este es de color.

- ¿Por qué volviste entonces?
- Porque sentía que el ejército era mi hogar, mi verdadera libertad.
 
E incluso, dio oportunidad a la comunidad india para mostrarse como héroes y víctimas en El gran combate o destacó a un personaje como el de James Steward en El hombre que mató a Liberty Wallace, enfrentándose a un pistolero sin necesidad de recurrir a las armas. Algo, evidentemente, estaba cambiando.
 
- Tu, ¿de qué clase de hombre eres? ¿Dime?
- Soy abogado y he obtenido autorización para actuar en este territorio.