Desde las visiones más gores a las más humanistas, pasando por el psicologismo y la comedia, el cine ha reinventado, una y otra vez, el mito del licántropo, hasta hacer de ella una de las columnas vertebrales del terror tradicional y un elemento omnipresente, con causa justificada o no, de la evolución postmoderna del género. Aludiendo a una novela clásica, El hombre lobo en París, el primer título cinematográfico relevante que tenía como argumento el tema de la licantropía es El lobo humano (Stuart Walker), recreación particular del personaje del Doctor Jeckyll y Mr. Hyde, de Stevenson, pero también de la tradición criminalista británica, que no obstante presentó con brillantez las bases de la leyenda, al mismo tiempo que sorprendía por la audacia técnica de su metamorfosis.

Unos años después, El hombre lobo (George Stevens), interpretado por Long Chany Jr amplió la galería de monstruos de la Universal, sumándose a Bela Lugosi y Boris Karloff, pero en los años cincuenta, la amenaza de una guerra nuclear sustituyó en el género clásico del terror las anteriores criaturas de la noche por alienígenas y seres más o menos zoomórficos, aunque continuase el mito del licántropo en la productora británica Hammer. Recogiendo el espíritu de los anteriores, Terence Fisher filmó la primera aproximación existencialista de la leyenda del hombre lobo, a pesar de los decorados de cartón piedra, de los vestuarios de colores chillones y de la orgía de sangre en Tecnicolor, características inconfundibles de la Hammer. En La maldición del hombre lobo, el realizador nos acerca a la procreación, infancia y el paso a la vida adulta del hombre lobo. Todo sucede en una villa de España donde la hija sordomuda del carcelero es violada por un mendigo. Con los años la criatura, que nace en Navidad, intenta en vano luchar contra su naturaleza: transformaciones e impulsos asesinos que le suceden las noches de luna llena. Oliver Reed en la piel del licántropo. Con esto consigue transmitir el sufrimiento del hombre lobo su impotencia por detener la maldición.

Una curiosa versión del mito lo presentaba Jacques Tournert en La mujer pantera, una de las pocas películas grandes del cine fantástico y de ficción, que fue facturada por la RKO, imitaba los clásicos del terror de la Universal y de la Hammer.

- “Es preciosa.”

- “No es preciosa. Es una bestia. En la Biblia aparece mencionado como un ser maligno, como un leopardo, pero creo que se trataba de una pantera”.

La actriz principal, Simone Simon, encarnaba a una mujer que se enfrentaba a un conflicto personal al transformarse en las noches de luna llena en una pantera, de ahí que al ser un film derivativo del hombre lobo, presente elementos en común con la cinta anterior; mientras que Long Chaney dejaba huellas de pezuñas en la tierra, Simone de zapatos de tacón.


La cinematografía española también dedicó una interesante aportación a esta temática. Resulta de lo más ilustrativo hacer un esfuerzo memorístico para echar la mirada a los años setenta, cuando los exploits, que tenía buena parte de sus sugerencias argumentales en el género del terror, era la forma de trabajar de los directores españoles como Carlos Aured, León Klimovsky, Amando de Ossorio o Jesús Franco. Casi todas las producciones demostraban una torpeza narrativa crónica, estrepitosa, pero en cambio, en sus imágenes (algunas toscas) se apreciaba una ilusión por filmar y un descaro puramente mediterráneo que llegaba a suavizar sus defectos. De ahí, el carácter de culto de Paul Nashy o Jesús Franco, sobre todo en el extranjero. Figura controvertida de la cinematografía nacional y auténtico mito viviente fuera de nuestras fronteras, sobre todo en Japón y Estados Unidos, Paul Nashy será a través de su legendario hombre lobo Valdemar Zavinsky, el único licántropo valedor de esta categoría en las latitudes más bajas.

- La maldición me alcanzó en el Tíbet, allí me convertí en hombre lobo. Desde entonces estoy obligado a vagar, entre la vida y la muerte. El miedo y el odio me persiguen.

Después de la censura franquista, el cristianismo, en sus elementos más profundos y arraigados; el erotismo, latente de la Hammer, y el espíritu de Roger Corman, permitieron a Paul Nashy escribir e interpretar estos mitos del licántropo en numerosas cintas de terror de serie B, mientras que en España tan sólo encontrábamos películas sobre el folclore y comedias. Filmes de terror que luego se unirían al maestro patrio del género Narciso Serrador, con una gran pasión por las leyendas arraigadas sobre el hombre lobo, más allá de las carencias técnicas. Paralelamente a la obra de Nashy, Pedro Olea dirigió tomando como inspiración el caso de Manuel Blanco Romasanta, El bosque del lobo, primera aproximación desde el punto de vista psicológico del licántropo, asesino convencido de ser un homme lupus, de origen celta, muy arraigado en las creencias populares gallegas. Este mismo hecho inspiró la muy irregularRomasanta, la más actual versión que fracasaba en su esencia misma, al establecer una relación entre la licantropía y la enfermedad mental.

La inexplicable periodicidad temática de Hollywood llevaría a presentar en el mismo año 1981 dos producciones interesantes sobre el mito del licántropo, Aullidos Un hombre lobo americano en Londres, versiones muy diferentes, que sin embargo estaban unidas por patrones similares, por ejemplo, los espectaculares efectos del mismo diseñador artístico, Rick Baker.

- Tienes que creer, David.

- ¿Creer qué? ¿Que mañana por la noche me van a salir colmillos y me voy a comer a la gente? ¡Tonterías!

- Maldita sea, créeme David.

                             

En mi modesta opinión, la mejor obra rodada sobre el mito del licántropo, el film de John Landis, combina con admirable armonía el humor y la casquería de un hombre cuya única salida posible era el suicidio. Pero la cinta supuso la inauguración argumental de una de las versiones más interesantes de esta historia, al asociar pubertad y licantropía, cargada de tetosterona. En compañía de lobos (Neil Jordam), otra de las películas que surgieron en los ochenta sobre el mismo tema, metáfora del miedo adolescente por el sexo masculino, adapta el cuento de Caperucita roja y el lobo para establecer con una estructura narrativa de muñecas rusas, un paralelismo entre los instintos primarios y los instintos de animales. El cineasta enlaza adolescencia, transformación, miedo y licantropía, que llevado a la comedia dio resultados tan inquietantes y disparatados como la nefasta Team Wolf, en donde el cine teen de institutos y el atractivo que existía por los argumentos centrados en algún deporte –como el baloncesto- se unen con la figura del hombre lobo adolescente, interpretada por Michael J. Fox.

Menospreciada es otra de las interpretaciones que se ha hecho de la leyenda del licántropo, en esta ocasión a cargo de Mike Nichols con una pareja protagonista formada por Michelle Pfeiffer y Jack Nicholson, en donde interpretaba a un editor que tras caer en desgracia en su trabajo sufrió la transformación en hombre lobo. La cinta, Lobo, combinaba elementos propios del mito, la violencia y romanticismo del licántropo, junto a uno de los conflictos – el generacional en el mundo laboral y social – tratados en algunos papeles del actor.

- Entonces, mi campo a no será el de editor jefe de la editorial Barkish, tras la absorción.

- Mira, no es nada personal, tu ya lo sabes.

Que el hombre es un lobo para el hombre y que el ser humano cuando pierde la razón se convierte en un animal es la moraleja de una fábula que no, por obvia, deja de ser necesaria, más cuando es el instinto del lobo el que rige el consejo de administración de las grandes empresas, santo santorum del neocapitalismo imperante. Una lectura diferente lleva a plantear la temática del hombre lobo desde otra perspectiva, la siempre taquillera y explotada dicotomía entre el mundo del cine y el de los cuentos infantiles, con el trasfondo de algunos personajes emblemáticos como Caperucita y el lobo, junto a referencias a la caza del gato al ratón que se sublima en las películas de este subgenero. La idea de este planteamiento parte de una cultura basada en la sexualidad y, muy en concreto del disfrute femenino, enlazando con toda una tradición de cuentos que presentan a personajes malévolos muy bien aprovechados por el cine, como son los vampiros, tan fabulosos como irresistibles, capaces de hacer realidad nuestros deseos más ocultos, aunque acceder a sus tentaciones conllevan unas consecuencias terribles. No en vano, el Drácula descrito por Bram Stroken podía adoptar, entre otras alimañas, la forma de un lobo. Por su parte, la figura de la Caperucita -que parte del medievo- cuya inteligencia prescindía de la ayuda de un leñador para huir de su atacante, ha captado tanta atención de la cámara cinematográfica como el lobo en sí. De forma confesa o no, consciente o inconscientemente, numerosos directores han contado con féminas dispuestas a superar el papel de víctimas.Dentro de esta orientación, Hard Candy tiene una gran relación con el cuento original aunque le aporta un giro de tuerca. En un brillante esfuerzo por actualizar el mito, su director traslada el lobo a la figura de un pederasta que no parece serlo, mientras que la Caperucita es una chica de sobrada inteligencia y de dudosa salud mental. E incluso, su propia vestimenta, la clásica caperuza es uno de los símbolos característicos de esta ópera prima de David Slade. Una revisión del mito que no encontramos en el actual filme, Cry Wolf, en cuyo caso esta referencia sólo sirve para dar un cierto sabor a la trama. Sin embargo, el lobo, también ha sido amigo del celuloide. En la saga X Men, surgida de los comics de la Marvel, al personaje de Lobezno (interpretado por Hugh Jackman) le crecían bello y garras similares al del animal; en la épica y romántica película Lady Halcon, una maldición hizo separar a dos amantes convirtiendo a Ruther Hauer, en lobo, por la noche, mientras que Michelle Pfeiffer hacia lo mismo, con un halcón, por la mañana. Es también muy conocida la frase común en las distintas versiones del Drácula, de Bram Stroker, desde Tod Browning hasta Francis Ford Coppola, o lo que es lo mismo desde Bela Lugsi hasta Gary Oldman: “Es la música de la noche”, ante los aullidos de unos lobos.   

- Por Dios, me pareció... ¿ qué tenían esas copas que tomé en aquella fiesta?

- Estás alucinando, es normal en el período de transición. Tranquilízate.

- ¿Periodo de transición?

 En los últimos años, el género se ha caracterizado por la presencia de secuelas de algunos de los títulos más significativos y de una serie de elementos que fueron introducidos por ciertas sagas con el tema del licántropo. Entre las secuelas más interesantes habría que señalar un film derivativo de la película de John Landis, Un hombre lobo americano en París (R. Tharner). Trata de presentar los ingredientes de su predecesora, pero fracasa en su intento por que el gamberrismo de Landis es algo que no puede ser importado sin resultar algo artificial. Con esta y la crepuscular Licántropo (Paul Nashy) se concluye la leyenda moderna del hombre lobo. La postmodernidad nos ha traído a un hombre lobo digital y deshumanizado, que debe enfrentarse a vampiros, soldados o magos. El licántropo forma parte de una galería de seres mitológicos, preocupados por su supervivencia y definitivamente alejando de su condición humana.