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 Soy Leyenda es la adaptación cinematográfica de una novela, creo que la tercera, del  autor de ciencia-ficción Richard Matheson, que me resultó ciertamente interesante cuando la leí hace unos años. Ahora, Will Smith la protagoniza, ambientada en una Nueva York espectral, a cargo de Francis Lwarence.

 - Nada ha salido como tenía que salir. Había seis mil millones de personas cuando se propagó la infección, soy un superviviente que vive en Nueva York.

Desde siempre la literatura de la ciencia-ficción, nos ha querido prever el mundo del futuro o la realidad en donde existe la amenaza de seres tan imaginarios como terrores más o menos próximos a nuestra cotidianidad, pero con conflictos que reflejan las inquietudes de nuestras almas. Una buena muestra es Soy Leyenda, cuya novela original es un impresionante tratado sobre la soledad, que ahora Will Smith experimentará toda esa angustia en esta superproducción, a cargo del director de Constantine.

 Seguramente tengáis una imagen de un día cualquiera de Manhattam, con la Quinta Avenida. Una calle siempre bulliciosa y atiborrada de adictos a las compras, ejecutivos agresivos y turistas, empeñados en ver algún famoso saliendo de un lujoso escaparate o hacer fotos a cualquier rincón de la que es quizás la acera cinematográfica más famosa del mundo. No hay mejor historia de amor o final feliz hollywoodiense que tenga como escenario la ciudad de la Gran Manzana, decorado del cine por antonomasia. Cuántas veces la habremos vivido junto a Woody Allen o Meg Ryan, paseando por Central Park con música de Cole Porter.  Pero, ¿podéis imaginar esta misma ciudad como un cementerio?. Luce desierta, tomada por arbustos y hierbajos que han roto el asfalto. Un silencio incómodo reina en el ambiente. De repente, vislumbramos la figura solitaria de Smith recortada en el horizonte, con la única compañía de un pastor alemán. Es el último hombre vivo en la Tierra, Robert Neville, el único superviviente de una pandemia que ha asolado la humanidad y cuyo único objetivo es encontrar otros supervivientes.

- Si hay alguien ahí, puedo proporcionar comida, puedo proporcionar refugio y puedo proporcionar seguridad.

                             

 El cambio más evidente con respecto a la novela y las otras dos adaptaciones cinematográficas es la localización de la acción, que pasa de Los Ángeles a Nueva York, para explotar la riqueza visual de la Gran Manzana, pero con un sentido fundamental. Mientras la ciudad de Los Ángeles puede aparecer desierta, según la hora y el día, Nueva York no duerme nunca, siempre tienes la sensación de que nunca se vacía. El contraste acentúa la inmensa soledad a la que tiene que enfrentarse Neville. Pero también es evidente la influencia con el 11-S, pues la trama inicial de la película pueden recordar e incluso recelar sobre el fantasma del atentado en el World Trade Center. En Soy Leyenda, las escenas son muy contundentes: militares y policías coordinando la evacuación de la Gran Manzana, con la imagen de una ciudad bombardeada y en ruinas, lo que no se veía en años. En una espectacular escena, los cazas del ejército intentan aislar y contener el virus destruyendo las vías de comunicaciones de Manhattan, puente de Brooklin incluido. La última vez que lo vimos saltar por los aires fue en Godzilla (Roland Emmerich). En esta ocasión para acercarnos a una historia a medio camino entre Armagedon (Michael Bay) y Náufrago (Robert Zemeckis). A finales de los años cincuenta, el escritor Richard Matheson publicó una novela de ciencia-ficción y terror, destinada a convertirse en un clásico. Su intención era reflejar el tremendo drama del protagonista, en una historia sobre la esperanza y la soledad. Muchas historias, tanto de la pequeña como la gran pantalla, nos han acercado a personajes solos en un mundo hostil o al que no pertenecen. Ya sea desde clásicos de la literatura,  sumamente conocidos en el celuloide, como el Robison Crusoe, de Daniel Defoe, e incluso Los viajes de Gulliver hasta la ciencia-ficción o el thriller. La última mujer sobre la Tierra (Roger Corman), en el primer género citado, o la española Zulo (Carlos Martín Ferrera) son dos ejemplos significativos, antes de que este tipo de argumento se hiciese característico de los Robinson Crusoe en pleno viaje espacial.

                                   

Considerando que la ciencia-ficción está movida por los sucesos que pueden agitar o preocupar al mundo -los sucesos del 11-S lanzaron hondas al género-, en la actualidad aparece abanderando una temática dirigida a plasmar un nuevo desorden mundial, con su pánico, conflicto y paranoia. En este sentido, la lucha por la supervivencia de Soy Leyenda ya sea, mental o física, entre los desechos de un mundo perdido para siempre es sólo superada por el deseo de encontrar una cura a la enfermedad que ha cambiado el rumbo de la humanidad, un contagio vírico de un agente tóxico surgido de la mano del hombre, por lo que se suma al temor del 11-S, el fantasma de la guerra bacteriológica.

- Hemos establecido contacto directo con una colmena, hoy, los análisis de sangre confirman que soy inmune tanto a la propagación por el aire como al contacto.

 La idea del Apocalipsis goza de gran presencia en la literatura como en el cine y arte en general, pero es en el caso del séptimo arte en el que comprende casi un género por méritos propios, desde la narrativa cinematográfica más clásica en títulos como Cuando los mundos chocan (Marcel Carnè) a las experimentales, propias de los falsos documentales como La Jetée (Chris Marker): "Luego, he visto a un hombre morir y la destrucción de París". Por eso, no sorprende que Soy Leyenda haya contado con una versión para cada época de crisis mundial. El último hombre vivo, de los sesenta, era un fiel reflejo del miedo a un holocausto nuclear más que probable, mientras que Omega man (Boris Sagal), en la década de los setenta, un escalofriante resultado de la carrera armamentística de los Estados Unido y la Unión Soviética, en la Guerra Fría.

 - Las instalaciones sanitarias son ya insuficientes ante la catástrofe. Las autoridades de la defensa civil declaran que la situación es similar en el resto del país. La ley marcial se ha implantado en toda la nación. Informan que en ciudades como Nueva York o Los Ángeles, las víctimas de la plaga caen muertas por las calles, por sus casas y lugares de trabajo.

 En cualquier caso, esta última versión tiene mucha más relación con el planteamiento de Omega man que con el propio libro de Matheson. Charlton Heston machote, de pose aguerrida y prepotente era el protagonista en aquella ocasión, icono ya rancio de los setenta, de cuyo estilo tampoco se libraron los vampiros, con gafas de sol, pelo a lo afro y, en general, con un estilo próximo al de los punky.

- Volaremos la historia desde que el triunfo de la maquinaria, en lugar de ayudarnos, nos amenazaba y cuando mueras, habrá desaparecido el último recuerdo del infierno para siempre.

Estas son las cosas en que no se parecen una y otra versión, porque en la puesta de escena y el mensaje de lucha heroica contra un enemigo enfermo, que no quiere ser curado, son prácticamente idénticas.

 - Si estáis organizados, ¿por qué no intentáis hallar la curación?

- No hay curación. Ninguna. No la había antes y no la hay ahora. Pero hemos hallado la salvación y lo soportamos. La única carga insoportable eres tú.

El personaje Robert Neville, de Soy Leyenda, se ve rodeado por un horror casi surrealista, un universo de miedos y temores ancestrales, que toma forma en una de las supersticiones más antiguas de nuestra cultura, la existencia de vampiros. La primera y más fiel de las adaptaciones de Soy Leyenda, "El último hombre sobre la Tierra" (Ubaldo B. Ragona), representaba a los vampiros casi como a zombies, quién sabe si por herencia de La noche de los muertos vivientes (George A. Romero), cinta de unos años antes. En este universo infectado, Vincent Price intenta sobrevivir al ataque de unas criaturas sedientas de sangre, mientras descubre que el sano se convierte en la anormalidad, el monstruo, la amenaza.

- No puedes unirte a nosotros, eres un monstruo para nosotros. Eres una leyenda en la ciudad.

Esta es la esencia perdida en la nueva versión: "No todo está perdido, si encontramos un remedio en una semana o dos, podemos frenar la propagación". La idea central no era la epidemia en sí sino en la posibilidad de renacer, de ahí que el personaje principal -un reputado científico- se obsesionara en buscar la forma de sanar. Una película con aire de blockbuster, con el espíritu y el detallismo de la segunda de las adaptaciones de Matheson. Así, por ejemplo aparece el refugio de Whanginton Square, en donde el personaje de Smith se oculta cada noche, una especie de mansión-fortaleza con todos los lujos que sólo un superviviente postapocalíptico podía permitirse. Por poner unos ejemplos, su salón cuelga un par de cuadros que Neville tomó prestado de los museos de la ciudad, La noche estrellada, de Van Gogh, y El sueño, de Henri Rousseau. Un imponente Rothko adorna el gimnasio y otros tantos recuerdos de todo tipo aparecen desperdigados por la casa. ¡No está mal para un tipo que creció en los suburbios de Filadelfia!