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Cine y voayerismo han ido siempre de la mano. Al fin y al cabo, desde la importancia de la imagen en nuestra cultura hasta llegar al espectador tanto de la pequeña como de la gran pantalla, nos hemos convertido en "una raza de mirones", en un voayer, si lo pronunciamos según su origen francés.

 - Y es un voayer. Para mí es un pervertido y un delincuente sexual.

- ¿Cómo que un delincuente sexual?

 Según la definición de la Real Academia de la lengua, un voayer, es una persona que disfruta observando de actitudes íntimas o eróticas de otras personas, o como diría uno de nuestros cantautores, quien mira pero no moja. El cine ha encontrado en el voayerismo una de las filias más cinematográficas que ha tenido en Buñuel uno de los principales maestros, desde Viridiana a Belle de Jour, con una burguesa Catherine Deneuve muy curiosa, e incluso los cinéfilos sentirán debilidad por Atlantic City (L. Malle), en la que un Burt Lancastre senil observaba a una veinteañera Susan Sarandon frotarse sus senos con un limón.

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El placer que, sin embargo, da la posición de fisgón, tiene muchos recovecos, desde la pura excitación sexual hasta la expresión de un poder sustitutivo que anuncia turbulencias y decapitaciones interiores, porque el séptimo arte ha aludido a la figura del voayer en casi todo los géneros, desde el thriller con películas como Doble cuerpo (Brian de Palma), a la visión de la sociedad actual norteamericana con un aire de drama, en American Beauty (Sam Mendes) o el terror (El fotógrafo del pánico, Michael Powell), en donde un particular asesino en serie rodaba la muerte de sus víctimas, armando a su cámara con una afilada caña; e incluso películas futuristas que ponían de manifiesto el poder coartor de un sistema totalitario, en permanente vigilancia, como 1984 (Michael Randford) aludían al tema del "mirón", en la conocida imagen del Gran Hermano. Uno de los personajes clásicos del cine, el detective, es un voayer por naturaleza y profesión. Su trabajo lo requiere constantemente, de lo que deducimos que es una profesión altamente vocacional. Un ejemplo sería el personaje interpretado por Jack Nicholson en Chinatown (Roman Polanski). Pero a los ojos del fotógrafo, mirar es todo un arte. Blow up de Antonioni; Jope Pesci en El ojo público (Howard Franklin) y Delirius (Tom Diccilo) presentan a otro de los grandes personajes que han hecho carrera de voayer en el celuloide, cuya observación del mundo circundante, conduce al descubrimiento de realidades en cubierta.

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El gran cotilla que es el voayer, puede contentarse con escuchar, tan adictivo resulta eso como mirar (La conversación, de Francis Ford Coppola). Pero a veces, la vida de uno cambia después de escuchar la de los demás. El mejor ejemplo que encontramos en el cine más reciente es la alemana La vida de los otros (Florian Henkell), que presenta como personaje principal a un agente de la Stasi, interpretado por el fallecido Ulrich Mühe, encargado de espiar a unos vecinos insurrectos.

 - Nos hemos convertido en una raza de mirones. Lo que deberían hacer es salir de sus casas y mirar hacia dentro para variar.

 Hitchcock puso de manifiesto a ese mirón que todos llevamos dentro, mostrando cómo la curiosidad obsesiva podía traer consecuencia nefasta, ponía en otros personajes el interés por mirar a los demás. Lo que parecería un recorrido roussoniano por la condición humana, esconde también un crimen espeluznante cometido en una asfixiante ola de calor. 

 La ventana indiscreta

  Del voayer perfecto (James Steward) de La ventana indiscreta pasa al mirón por excelencia en el personaje de Anthony Perkings en Psicosis. Igualmente el maestro del suspense, que desarrollaba ampliamente estas ideas y construcciones formales en sus largometrajes, las había planteado en la serie televisiva Alfred Hithcock presenta, sobre todo en los episodios que llebavan la forma del realizador, como por ejemplo, El secreto del Sr. Blantcha, que centraba la obsesión de una novelista que cree que ha asesinado a su esposa.

 - ¡Ya me gustaría coger a ese hombre! ¡Ha salido de la casa, y además lleva algo que parece un saco grande!.

Incluso, Los Simpson, con su característico sentido del humor, hizo su particular homenaje del clásico del maestro del suspense.

 -Hay un niño rubio inquietante mirando desde la ventana indiscreta.

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