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Obra maestra de uno de los genios absolutos del séptimo arte, que la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ha querido preservar para las generaciones venideras. La verdad es que el paso del tiempo no ha hecho otra cosa que darle más valor, a esta terrible denuncia sobre los abusos de poder, en tiempos de guerra, tema que por desgracia, resulta de mayor actualidad. Siempre es un placer rendir un homenaje a este cineasta, recordando uno de sus trabajos principales. - En 1916, tras dos largos años en las trincheras, las líneas del frente apenas habían cambiado. El éxito de las incursiones se medían en las decenas de metros avanzados, pero se pagaban con cientos de miles de bajas. Estamos en plena Primera Guerra Mundial, en Francia, 1916. Tras los compases de la Marsellesa, la voz en off nos introduce en un momento delicado de la contienda en donde, el alto mando francés, representado por el general Broulard (Adolpnhe Menjou) encarga al general Mireau que lance una ofensiva estratégica sobre una colina dominada por el enemigo. La racionalidad y la experiencia dicen que la misión sería suicida y que supondría llevar directamente al matadero a toda una compañía. Pero las presiones políticas y de los medios de comunicación exigen un golpe de efecto. - En el cuartel general se rumorea que han pensado en ti para la 10ª división. - ¿La 10ª división? - Sí, y una estrella más. Broulard muestra una valiosa zanahoria a Mireau, su ascenso y promoción, si logra el objetivo. El general entra al trapo y ordena al coronel Dax (Kirk Douglas) que está en el frente con sus hombres, que ejecuten la operación. Dax se manifiesta en contra, salvo que reciba suficientes refuerzos. Pero finalmente no tiene más remedio que obedecer a su superior. - Está diciendo que más de la mitad de mis hombres ha de morir. - Sí, es un precio terrible, coronel. - Pero tendremos la Colina de las hormigas. - ¿La tendremos señor? - Yo dependo de usted, toda Francia depende de usted. La misión se revela como una catástrofe, muchos soldados caen abatidos y el resto vuelve como puede a las trincheras. Mireau, ve el desarrollo de la operación desde su puesto de mando a suficiente distancia, y visiblemente irritado ordena fuego de artillería contra sus propios hombres. - Las tropas se están amotinando, rehúsan a avanzar. Abran fuego, según mi orden. - Con todo respeto, señor, no tiene derecho a que dispare sobre mis hombres, a menos que esté dispuesto a asumir toda la responsabilidad. - Capitán, ¡se niega a obedecer mis órdenes! El fracaso de una misión descabellada no se imputa a la sazón irracional del alto mando sino a que los pocos soldados supervivientes son acusados de cobardía ante el enemigo. Para escarnio y escarmiento ante las tropas, se elige a tres soldados por sus oficiales para ser juzgados en un consejo de guerra y ejecutarlos. El juicio sería sumarísimo y la sentencia de muerte sería casi de inmediato. - No podemos dejar que los soldados decidan si una orden es posible o no. Si resulta imposible la única prueba válida serían sus cadáveres sobre las trincheras. El coronel Dax pide hacerse cargo de su defensa, pero sus alegatos no servirán de nada porque significaría reconocer el gravísimo error del alto mando. Su actitud final, que rechaza la posibilidad de ascenso que le ofrecía otro general, tras denunciar el ataque suicidad, es ejemplar y patética. Tan patética como la ejecución de los soldados y el epílogo en la taberna en donde sus propios compañeros se emborrachan y se divierten entonando las cancion de una joven alemana. - Protesto de que se me haya impedido presentar pruebas que considero absolutamente vitales para la defensa. Senderos de gloria, basada en dos hechos reales, pasó a la historia como uno de los más feroces films antibélicos y antimilitarias. Sucedieron en Sovain (Francia) en marzo de 1915, cuando el general Delétoile mandó fusilar a seis de sus hombres por cobardía ante el enemigos. Al mismo tiempo, otro general, de Reveilhac ordenaba dirigir la artillería sobre sus propias tropas, para forzar la retirada en el ataque, y luego fusiló a cuatro soldados como represalias. De este modo, la película (cuyo título está tomado de un verso de Thomas Gray: "los senderos de gloria no conducen más que a la tumba") pone de relevancia los excesos militaristas durante la Primera Guerra Mundial que, en la actualidad, en plena época de la globalización, podría entenderse como una denuncia atemporal contra el propio ejercicio de la guerra, sus terribles consecuencias y la falta de escrúpulos del poder. Desde la perspectiva de Paths of Glory ,detrás la tragedia de los tres soldados y de la lucha en las altas jerarquías del Ejército, se entendería el filme como la incompetencia de los altos mandos y su desprecio por las vidas humanas. De hecho, la película funciona como una parábola de la lucha de clases, los que toman decisiones no están en el frente. Habitan lujosos castillos, viven cómodamente y miran la guerra como si fuera de un juego de estrategia para satisfacer sus aficiones personales. - Hubo cierto esplendor en la ejecución. - Nunca vi un asunto así mejor llevado, murieron maravillosamente. Además, se parapetan detrás de su autoridad para no reconocer sus errores y sus trágicas consecuencias, castigando y humillando, aún más a la tropa. Salvando las distancias, este modo de funcionar lo podemos encontrar en cualquier estructura de poder. - ¿No ha pensado nunca que el Estado Mayor se ve sometido a todo tipo de presiones de los medios de comunicación y los políticos? Tal vez el ataque a la colina era imposible, pudo ser un error. Interesantísimo resulta también el contundente retrato de personajes muy bien definidas. El coronel Dax representa el sentido común, el general Mireau, un títere incapaz de reconocer su propia cobardía y el general Broulard, sin duda, el más actual de todos, a un manipulador, siempre sonriente y elocuente, que sabe mantenerse al margen para no ser salpicado, quintaesencia del político de nuestro tiempo. Pero como se encarga el coronal Dax de recordarle, él es el peor. - Me disculpo señor por no decirle antes que usted es un degenerado, un viejo sádico y ¡aunque me hunda en la profundidad del infierno no le pediré más disculpas!. Stanley Kubrick no había cumplido los treinta años cuando dirigió esta obra maestra, un filme de una precisión milimétrica que funciona como un mecanismo de relojería. La dureza de sus imágenes, rodadas en blanco y negro, la profundidad de sus diálogos y algunas brillantes secuencias que ya están recogida entre lo mejor del cine -el largo travelling a la visita de las trincheras, el epílogo final, la batalla o el desarrollo del consejo de guerra, permiten que la película no sólo sea una toma de postura sobre un tema tan delicado, en que ningún espectador puede mantenerse indiferente, sino una galería de imágenes soberbias dentro del carácter universal que adquiere el séptimo arte. - A Dios, se le pone dura con los marines, porque matamos a todo bicho viviente. La película se prohibió en numerosos países, y Francia y España fueron los últimos en levantar el veto muchos años después. En realidad, algunos de sus trabajos se han visto en la polémica, como La naranja mecánica o su obra póstuma, Eyes wide shut. El apoyo de Kirk Douglas fue decisivo para que el proyecto se llevara a cabo y junto a él, nos encontramos a Adolpho Menjou y a Joe Turkel, en el breve papel de uno de esos tres soldados, víctimas de aquella bárbara resolución de los altos mandos. Actor que luego aparecería en El resplandor, aunque su personaje más recordador fue el del padre de la biomecánica en Blade Runner.
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